JAVIER EZQUERRO ▴ Man Of Golden Words

JAVIER EZQUERRO ▴ Man Of Golden Words

En vida, construimos nuestras vallas de acuerdo con líneas ya dibujadas, sea por nosotros mismos, sea en la mayoría de las ocasiones por la propia sociedad. Eso nos hace sentir angustia. Se habla mucho de vivir el día a día, el carpe diem, pero la única realidad es que todos tenemos nuestro hipotético futuro en la cabeza, ya sabéis, lo que haremos cuando pase esto, llegue aquello o coincida lo otro. Cuando nos llega la muerte, la angustia se convierte en dolor, que, aunque ya no lo sintamos físicamente, nos vamos de este mundo sabiendo que ya no podrá ser, y ese dolor aún es mas pronunciado cuando dejamos nuestro recuerdo a quienes nos quieren. Al final, en vida, lo hacemos por un acto reflejo, incluso perdiendo nuestros principios, pero con toda honestidad, a veces no hay suficientes pelotas para liberarnos de esos recuerdos.
Me resulta muy difícil escribir esto, mucho. El esfuerzo tan íntimo y doloroso que estoy haciendo únicamente tiene un fin: Rendir homenaje a una persona que dejó un rastro imborrable, no solo en mi propio mundo, sino en esta vida tan ordinaria. Quizá su valla ya la tenía firmada y sellada pese a que nunca llegaría a destino, pero no importa, es mi tributo, mi mas sentida ofrenda a su memoria.
No logro recordar el lugar donde conocí por primera vez a Javi Ezquerro, pero sí que fue muy distante conmigo. Me lo presentó un buen amigo común (Jorge Ortega, actual dtor. de Ruta 66 Magazine) cuando ambos estaban al frente de Silvertrack Producciones, una pequeña promotora de conciertos. Su particular voz, físico imponente y su semblante serio se peleaban constantemente con su auténtica identidad, la de una persona emotiva, tremendamente afectiva y con un sentido del humor muy acentuado. Después de aquel día, volvimos a coincidir en varias ocasiones y me lo gané con poco esfuerzo, porque lo único que vi en él fue a un grandullón con pinta de rockstar acostumbrado a lidiar con todo lo que conlleva organizar eventos y amiguismos interesados, tan común en nuestro país. Cuando vives en esa vorágine, debes poner límites, ser sutilmente hostil poniendo barreras, tener los pies en el suelo y hacer entender que tus ahorros se mueven oscilantes entre el éxito y el fracaso, porque es parte de tu profesión. Una empatía necesaria que algunos jamás han entendido.
Pero Javi no concibió que a mi todo aquello me importaba realmente poco, no buscaba tener mi nombre en una lista ni algún tipo de favor. Nunca me he movido con quien aprecio por el lucro, sea material o no, y desgraciadamente esto descoloca a mucha gente. Su primera sonrisa e interés hacia mi fue cuando vio una antigua Harley-Davidson muy macarra y negra que llevaba por aquel entonces. Recuerdo perfectamente cuando me dijo que algún día tendría una y yo le dije, con semblante serio, que era imposible si no se cambiaba esas horribles botas, porque eran incompatibles. Me miró en un intento de arrancarme la cabeza con sus ojos, hasta que se dio cuenta que había entrado en su juego socarrón y me estaba quedando con él. Tras las risas y a partir de ese día, fui para siempre y hasta el final su “Santica”.
Nos hicimos grandes amigos, hablábamos el mismo idioma y de tanto hacerlo, fui parte de su vida y él de la mía. No fue en nuestra adolescencia, ambos éramos adultos y ese fue uno de los factores mas importantes, vivíamos vidas paralelas pero con las mismas inquietudes, problemas, visiones y dudas. Le visitaba a menudo en su pequeño bajo del barrio de Gràcia mientras él maquetaba artículos de Ediciones R-66 y libros de la posterior 66rpm Ediciones (íntimamente relacionadas), así como creando posters inspirados en el mundo de Wes Wilson y el promotor Bill Graham durante la época psicodélica de finales de los sesenta del cruce Haight con Ashbury y el mítico The Fillmore de San Francisco. Cuando se cansaba, bajábamos a almorzar al bar Casa Pagès de la calle Llibertat, en el barrio de Gràcia, a pocos metros de donde vivía. Era en esos momentos de desconexión cuando nos explicábamos nuestras penas y alegrías, donde conocí a un Javi entrañable, con sus laberintos y ambiciones, tan cotidianas que no variaban un ápice a los de cualquier persona.
En el aspecto profesional, Javi Ezquerro llegó a convertirse, con el apoyo de Noise On Tour, Teenage Head Music, Ruta66, Last Tour y Live Nation, en un referente en el business musical y no únicamente en la Ciudad Condal. Gracias a él, a su fe ciega en algunas bandas emergentes, y a su voluntad en arriesgar su propio dinero apostando en giras que eran un auténtico desafío, se ganó el cariño absoluto de un público falto de “creyentes” con determinación, tal y como era él. Cuando fui a Amsterdam a ver a Dirty Sweet, en el maravilloso Paradiso, siempre quise volver a verlos en mi ciudad, pues bien, Javi los trajo por primera vez. Supagroup, The Yayhoos, Mother Superior, Five Horse Johnson, The Quireboys, The Answer, Hermano, North Mississippi Allstars, Fu Manchu, Rival Sons, mi idolatrado Mike Farris, Little Caesar, Enuff Z’Nuff, The Whybirds, Shooter Jennings, Colour Haze, Kadavar, The Sword, Witchcraft, Graveyard, Ryan Bingham, Truckfighters, ¿sigo?….y como no, sus amados Blackberry Smoke. Dignos sucesores del southern rock americano y estrellas ya consagradas en la actualidad, Javi, ya bajo el nombre de On The Road Music (su promotora en solitario), los trajo de gira a nuestro país cuando no mas de cuatro melómanos enfermos, entre los que nos encontrábamos ambos, les conocíamos y adorábamos, al igual que a The Bottle Rockets por poner otro ejemplo.
Me llamaba muy a menudo. A veces porque sentía rabia, otras para desahogarse, pero la mayoría simplemente para hacerme bromas y reírnos un rato. Javi era todo pasión. El día que tenía cerrado un show y coincidía con un partido de fútbol importante no lograba entender la idiosincrasia de nuestro querido país. “Muchos rockeros, mucho pedir, mucha imagen, pero juega el Barça y tengo que mirar con cara de imbécil como vendo diez tickets”. Esa era su vida. ¿Curioso, eh? Apostaba su dinero y en ocasiones no le daba ni para pagar los gastos. Pero él seguía y seguía. Como de todo esto yo era consciente, a menudo se enfadaba conmigo si llegaba a algún concierto que él organizaba y ya venía con el ticket comprado previamente, sólo una o dos veces no decliné la invitación. Yo lo hacía expresamente, intentaba no tener que pelearme con él para comprarlo en taquilla. Su comida salía de ahí, y en mas de una ocasión le había visto preocupado por sus propios ahorros, hasta el punto de plantear diversificarse profesionalmente si tenía algún otro golpe fuerte en forma de fracaso en la venta de entradas. Desgraciadamente, tenía que lidiar a menudo con muchos emails, mensajes y llamadas para que les apuntara en la lista de “pase ud, es gratis” porque trabajaban en medios de comunicación, colaboraban en alguna publicación o simplemente, estaban acostumbrados a tener la osadía de probarlo cuando él sabía que, en muchos casos, esto no había repercutido proporcionalmente en su beneficio a modo de promoción previa o sentir que en algún momento había sido apoyado por éstos. Esta era una de las cosas que mas le molestaba, quizá no debería escribirlo, pero ya no tengo edad para ser políticamente comedido en algunos aspectos.
Durante un tiempo me tenía como su estilista profesional, y yo me moría de la risa. Le encantaba salir a comprar ropa conmigo, siempre me decía que yo tenía estilo (mentía muy bien) y como el no tenía coche, no siempre le resultaba fácil salir de Barcelona, asi que me llamaba y me chantajeaba con unas frías cervezas tras la sesión de personal shopper. Un día me pidió un favor, que le acompañara a un centro comercial a las afueras de la metrópoli donde venden esas marcas premium de productos de temporadas pasadas (es increíble la vuelta que he dado para no decir La Roca Village). Quería comprarse ropa de dandy. Tengo muchas anécdotas con él, pero la de aquel día nunca la olvidaré. Estando en Levi’s mientras se probaba camisas y pantalones, salió del probador, se giró y me dijo: “¡Santica!, ¿que tal me queda ésta?”…y me acuerdo como si fuera ayer, que miró hacia la dependienta (únicamente estábamos los tres) con su tamaño y una mirada desafiante que acojonaba, para decirle muy serio: “Ni hablar, ni se te ocurra pensarlo, ni somos novios ni nos gustan los tíos”. Creo que fue el día mas divertido de aquella chica en mucho tiempo, tras un primer momento de asombro, porque aún debe estar riéndose, como yo. Evidentemente salió con media tienda metida en bolsas, sobre todo de esas típicas camisas de franela que tanto le gustaban y que formaban parte de su indumentaria.
Sus preocupaciones en los últimos años de su vida no distan mucho de lo que deseamos todos llegados a una cierta edad y habiendo vivido todo lo que nos ha apetecido. Ese Javi tan distante que me presentaron en su día era una de las personas mas sensibles que he conocido. Se sentía muy a gusto con mi gente y el entorno en el que yo me movía, una gran familia. De alguna manera, el quería huir de muchas cosas. Su máxima ilusión era tener una pareja estable, alguien con quien pasar los momentos cuando la música paraba y volvía a casa, una familia propia y ser padre, pero no le resultaba fácil, al final era su profesión y él la amaba. Todos los que le conocíamos un poco sabemos que hubiera sido un padre ejemplar, con esos valores tan acentuados que no se aprenden, se nace con ellos.
Durante un viaje de varios días que hicimos juntos al pueblo que le vio crecer, Funes (Navarra), para ir a la fiesta que realiza César, un amigo común amante de los hot-rods y los clásicos en todas las modalidades, no le notamos bien. Nos explicaba que se estaba adelgazando sin motivo, que había algo raro y estaba preocupado, asi que tanto nuestro amigo Enric (quien vino también en el coche) como yo, le animamos a que se lo revisara con médicos, algo a lo que él no era demasiado partidario. Aún así, jamás perdía su sentido del humor, y estando alojados en su casa de una estrecha calle de Funes, salió de una habitación y me dice: Santa, ¡¡mira que contento estoy…hacía diez años que no me cabían estos pantalones!!”. Dos semanas después, dejó de escribir en el grupo que teníamos juntos, dejó de llamarme. Sabía que algo pasaba, nadie tenía que explicarme nada.
Durante meses no me dejó ir a verle y esa es una premisa básica de total respeto que acepté. Cuando pude hacerlo, a pesar de estar preparado mentalmente, el shock fue tremendo y todos podéis entender el por qué. Pero era Javi, y de nuevo seguía luchando como lo hizo toda su vida, hasta el último día.
En su funeral no pude parar de llorar durante la homilía, ni siquiera podía levantar la cabeza cuando sonaba “Free Bird” y ciertamente, no recuerdo con exactitud ni la música que nos acompañó después. Vagamente me viene a la memoria, en la sala previa, a su querido Héctor apoyado en una pared saliéndole un leve “Santa…” de su voz mientras lloraba desconsolado, fundiéndonos en un abrazo, así como a Antonio, otro gran pilar en su vida.
Siete meses después Blackberry Smoke actuarían en la Sala Apolo, a rebosar como nunca, un concierto que Javi ya tenía cerrado antes de su fallecimiento. La propia banda quiso que el show completo se dedicara a su memoria, algo que tanto Alfred Crespo (Coco, co-dtor. de Ruta 66 Magazine y responsable de la editorial 66rpm) como Manel Celeiro (co-responsable de RockSound) explicarían previamente desde el escenario con fotos de Javi como fondo. Escuchar después canciones como “One Horse Town” con Coco a mi lado mientras nos mirábamos con una mezcla extraña de orgullo y tristeza, fue algo que no se olvida.
En Junio del siguiente año, como es habitual, fuimos a disfrutar del mejor Festival rockero que se realiza en este país, el Azkena Rock Festival, en Vitoria-Gasteiz. En aquella edición, habían decidido homenajear a grandes estrellas del rock fallecidas recientemente con enormes pancartas a los laterales de cada uno de los escenarios. Greg Lake (Emerson, Lake & Palmer), Gregg Allman (The Allman Brothers), Chris Cornell (Soundgarden, Audioslave) o Chuck Berry y…………¡Javi Ezquerro!. No pude describir la sensación de verle allí, demasiado emocionante ese detalle que tuvo la promotora The Last Tour con él. La sorpresa fue mayúscula, ni sabía ni esperaba nada así. Es por ello por lo que cuando vi a The Cult y escuché aquellas primeras notas de “Wild Flower” o, sobre todo, esa intro tan mágica de “Sweet Soul Sister”, los ojos se me inundaron de lágrimas, inconsolable por quienes me acompañaban. No pude expresarlo de otra manera, era una de sus bandas favoritas.
Yo no pienso en reencontrarme con nadie en el mas allá. La vida la vivimos una sola vez, no existe nada mas. Siento echar por tierra las ilusiones de los anclados en el positivismo que se levantan cada día escribiendo una frase prefabricada, aparentando plenitud emocional y mental, justo después de tomar su ración de ansiolíticos. Echo mucho de menos a Javi. Verle en la puerta de cualquier sala de conciertos formaba parte de la escena musical de Barcelona. Echo de menos los motes que otorgaba, como en una jerarquía eclesiástica haría un cardenal jocoso con un seminarista. Le echo de menos porque los amigos son las personas que realmente nos atrapan, que permanecen firmes cuando las cosas están mal y nos reconstruyen cuando nos rompemos.
El próximo veintiséis de Julio hará cinco años que nos dejó, demasiado joven. Barcelona siempre estará en deuda con Javi Ezquerro. El rock’n’roll también. Las personas que él quería nunca podremos valorar en su justa medida ese compromiso que nosotros también tenemos con él, que no es otro que no olvidarle jamás y llevarle siempre en nuestro recuerdo.
Amigo, no volveremos a vernos, pero dejaste un gran rastro durante tu vida a las personas con las que te cruzaste, por lo que hago mía esta frase: “El valor de las cosas no está en el tiempo que duran, sino en la intensidad con que suceden. Por eso existen momentos inolvidables, cosas inexplicables y personas incomparables
Javier Ezquerro (1969-2016)
Reverendo ▴ S A N T A
P.D.: A continuación os dejo algo que me resultaba imprescindible en este humilde homenaje. Una pequeña entrevista a Alfred Crespo (Coco), como he comentado previamente co-dtor. de Ruta 66 Magazine y responsable de la editorial 66rpm, así como un texto mas que sentido de Marta Ezquerro, hermana de Javi y su persona favorita, que han querido sumarse con un cariño que agradezco infinitamente.
Santa: “Seguro que te acuerdas cuándo y dónde conociste a Javi Ezquerro”
Alfred: Con Javi llevábamos tiempo coincidiendo en conciertos y bares, pero no éramos amigos. Ya sabes, era muy de mirarte con cara de pocos amigos, y llegaba a los sitios repartiendo unos guantazos en la espalda que aconsejaban mantener las distancias. Empecé a conocerle de verdad cuando abrió el Hoochie, un bar que marcó época en Barcelona. Había decidido convertirlo en un bastión del rock sin concesiones… y lo consiguió. La música era excelente, y aunque él, de entrada, no habría ganado el premio a camarero simpático del año, a la que te dejabas caer por ahí con cierta frecuencia se abría y mostraba como era: pasional, cariñoso, escandaloso y muy divertido. Le gustaba marcar a la clientela, pero a la que la cosa se relajaba te lo pasabas en grande con él. Y, cómo éramos casi vecinos, empezamos a vernos mucho, hasta fraguar una sólida amistad.
Santa: “Y seguro también que tienes en la memoria algún momento intenso e inolvidable con él. Todos los que le conocimos tenemos uno”
Alfred: Era un tipo rico en situaciones entrañables y en anécdotas tremendas. Si tengo que escoger una… me quedo con su entrada triunfal en el Bar Vinilo de Gràcia. Para quien no lo conozca, está delante de lo que era el BallBreaker, lleno de heavies y fans del hard rock. En el Vinilo abundaban los indies, aunque había de todo y es un bar en el que te sientes como en casa. Javi y sus compinches pillaron la costumbre de agarrar al peludo más borracho de su bar, cargarlo a hombros y arrojarlo dentro del Vinilo. Le llamaban “el lanzamiento del heavy”, y se convirtió en una pequeña tradición, aceptada con deportividad y sano cachondeo por las dos partes. Una noche, llegué con Javi (sin heavy tajado que arrojar) al Vinilo, abrió la puerta y, gritando a pulmón y dando palmadas, gritó: “a ver, niños, ¡guardad los libros que llegan los hombres!”. Todos se apartaron esperando el aterrizaje forzoso de un cuerpo frente a la barra, Javi entró y empezó a pedir chupitos. El personal se estuvo descojonando toda la noche.
Santa: ¿Qué significó Javi para la escena rockera de Barcelona y por extensión, de este país?
Alfred: Un revulsivo, una muestra de resistencia. Y de cabezonería, por supuesto. Barcelona es uno de los peores sitios del país para organizar conciertos de rock, pero él se empeñó en recuperar y mantener una escena que prácticamente era residual. Y lo estaba logrando: cada vez tenía a un público más fiel y numeroso, y algunos artistas solo querían trabajar con él. Se los ganaba con su honradez, su pasión ¡y lo cabezón que era! Si apostaba por algo, apostaba a fondo, y eso los músicos que tienen lo que hay que tener deben apreciarlo. Algunos ya lo hacían. Y fue forjando una serie de alianzas con otros promotores–francotiradores como él, con salas, organizando pequeñas giras… y tratando ya con grandes promotoras, que confiaban en él para las fechas en Barcelona de algunos de sus artistas potentes. Su carrera de fondo no era sencilla, no se si habría logrado sus objetivos y sueños en un mundo dominado por las grandes corporaciones, pero realmente se acercaba a lo que él quería, aunque no dejara de refunfuñar y quejarse.
Santa: Recuerdo que cuando nos vimos en la Sala Apolo, durante el concierto de Blackberry Smoke, nos fundimos en un abrazo y con ojos llorosos me dijiste: “Bueno, mira como está la sala, aquí estamos por él, que bonito”.
Alfred: Me pillaste bajando del escenario, donde junto a su inseparable Manel Celeiro glosamos su figura. La banda se comportó como una hermandad, y el público estaba muy emocionado. Asistió gente a la que el grupo no le interesaba, iban por Javi. Una noche intensa emocionalmente, y repleta de buenas canciones. Javi se lo habría pasado en grande. Solo faltó él, y le encontramos mucho a faltar.
Santa: Yo tengo una, pero dime una canción que te recuerde irremediablemente a él
Alfred: Durante años tuve una fijación: a los hijos recién nacidos de mis amigos les regalaba una copia del “American Beauty” de Grateful Dead, uno de mis grupos preferidos. Con ese disco, los bebés no lloran, palabra. Y es el último disco que escuché con él. Me llamó cuando estaba ingresado en el hospital para que le fuera a buscar, que se quería ir a casa. Cuando pusimos en marcha el coche empezó a sonar la canción “Box Of Rain”, precisamente la última que tocó en directo Jerry Garcia. Desde entonces, cada vez que la escucho imposible no pensar en él, y en que el círculo siempre se cierra, uniendo nacimiento y muerte. En su caso, demasiado pronto, de forma injusta.
Santa: ¿Qué frase definía su vida?
Alfred: Encontró el lema ideal: On The Road. Siempre.
Alfred Crespo, 12 de Mayo del 2021
Siempre que hablo de ti, lo hago en segunda persona. Me parece que usar “él” te aleja, y estás tan presente, que sería como gritarle a alguien que está a tu lado.
En realidad, nunca te fuiste. Ahora te has transformado en una canción, esa donde preguntas: Si me marchara mañana ¿me recordaríais? 1. Pues va a ser que sí…
Pero también eres el Southern Man 2 sediento que culpa a mujeres de fuego 3 y va rodando como un tren de carga por la noche 4…todas esas canciones eres y más. Un póster, un olor a almizcle, una piña, una caricia en la oreja y un abrazo, el rincón de la terraza de mi casa, una calle en Gràcia, un anuncio, un programa, un patio, un grafitti, una lona en el festival de tu alma, una erre mal pronunciada, una esquina que ya no existe pero que tú mantienes contra viento y marea, como hiciste con la música en esta ciudad.
Hablar de ti en cualquier forma, sea con el pensamiento, sea entre tus amigos o familia, sea en este pequeño texto, es traerte un rato al sofá de tu casa o a la entrada de un concierto para luego dejarte ir otra vez a donde quiera que tú desees ir y… ya volverás.
Seguimos descubriéndote a través de la gente que compartió contigo risas, cañas y penas.
Seguimos asombrados y bendecidos por haberte conocido y haber sido parte de tu historia de vida.
Y tú sigues yendo y viniendo, siempre sin irte, a través de los caminos más inesperados vuelves cada día a nosotros, a mí, que camino ahora por la vida bajo la protección de tu espalda y tus piernas largas.”
Marta Ezquerro, 8 de Mayo del 2021

 

(NdR: Es conmovedor leer este texto que me envió Marta para este artículo y poder ponerle la banda sonora que ella sutilmente ha aludido con sus palabras. 1 “Free Bird” de Lynyrd Skynyrd, 2 “Southern Man” de Neil Young, 3  “Fire Woman” de The Cult, 4 “Nightrain” de Guns N’ Roses. Gracias por todo )


«Words and music, my only tools. Let’s fall in love with music, the driving force of our livings, the only international language. Divine glory, the expression»
«Man Of Golden Words» ▴ Mother Love Bone
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