SCREAM FOR ME…BRUCE DICKINSON ▴ Back To Sarajevo

SCREAM FOR ME…BRUCE DICKINSON ▴ Back To Sarajevo

Lejos parecen remontarse aquellos primerizos y apasionantes viajes que solía tener con Iron Maiden en mi adolescencia, sin necesidad de drogas ni sustancias extras para entrar en total éxtasis. Ellos eran sexo sucio que me volvía totalmente enloquecido, un placer incontrolable que te marca y deja rastro. Parecía que, simplemente con escucharles, eran capaces de entonar mis emociones y empujarlas al exterior.
Curiosamente, para los ignorantes, la voz de Bruce Dickinson (su vocalista clásico, que no el original) es sinónimo de chillidos y gritos que resume lo que algunos creen que es el heavy metal. No hay nada mas triste que aquel sordo que escuchó cómo el mudo dijo, que el ciego vio, cómo un cojo corría más rápido que un tren. Hace unos meses ví un video muy curioso donde una profesora de música docta escuchaba por primera vez la voz de éste y sus palabras fueron: “No tengo mas que admiración por este cantante. Su dicción es perfecta al igual que su vibrato, llegando a lograr una entrega vocal y rango sostenido sin perder el impulso, que muchos cantantes clásicos luchan sin lograrlo en multitud de partituras de ópera belcantista de Bellini o Donizetti
Pero mi intención esta vez no es la de hablar de la Doncella de Hierro, sino del heroísmo frente a probabilidades imposibles, circunstancias atroces, la miseria de la guerra y cómo la música puede clavarse como un paraguas protector sitiando la esperanza. Todo ello contado visualmente a través de un documental con mucha ternura, que te hace reconsiderar tu vida fácil y que, con la excusa de explicar un concierto, te muestra la sinrazón de este mundo sin escrúpulos.
Todo ocurrió durante el asedio de Sarajevo, en plena guerra de los Balcanes. En 1994, dos años después de los primeros bombardeos del Ejército Popular Yugoslavo tras la independencia del pequeño país bosnio-herzegovino, al comandante británico de la ONU Martin Morris, allí presente, se le ocurrió que podría realizar un concierto en la ciudad bajo la protección de las Naciones Unidas como muestra de ilusión y esperanza a la ciudadanía. Morris, amante del rock y a través de amigos comunes, logró contactar con Dickinson (que había dejado Iron Maiden un año antes centrándose en su carrera en solitario) para explicarle su delirio. Quien conoce un poco al artista de Nottinghamshire, sabe de la calidad humana de éste y que no habría una negativa por respuesta. Es impagable el momento donde Chris Dale (bajista) le dice a Dickinson: “¡Hey! ¡Están en guerra en Sarajevo!” y éste último contesta: “Si, pero iremos”.
Pongámonos en antecedentes. Aquel año Dickinson había reclutado a músicos jóvenes con talento para su proyecto en solitario que llamaría Skunkworks y que en definitiva, no sería mas que su tercer álbum sin Iron Maiden, pero con una vertiente mas grunge. Tenía a Alex Dickson, guitarrista del multiplatino álbum “Gallus” de los escoceses Gun y que Dickinson conoció durante la gira Monsters Of Rock del ’92, donde Gun lo pasaron realmente mal, al menos en Barcelona. Fue uno de los primeros conciertos que asistí, con Iron Maiden (presentando “Fear Of The Dark”), Pantera (ídem con el apocalíptico “Vulgar Display Of Power”), Megadeth (gira “Countdown To Extinction”) y Gun como cabezas de turco, que no de cartel. En aquella época festivales etéreos tipo Primavera Sound, donde tienen cabida desde Los Chichos a Napalm Death, era algo impensable, gracias a Dios. En mi adolescencia, las tribus urbanas eran muy definidas y las subtribus dentro de ese manual de estilo también, así que Gun, una gran banda de hard-rock comercial en sus dos primeros álbumes, fueron escupidos, insultados y la diana de todo tipo de objetos incluyendo latas (of course, los vasos de plástico y los actuales reciclables quedaban muy lejos en el tiempo en aquella época). Sería un sueño conocer a quién tuvo la genial idea de meter a los escoceses de señuelo en aquel show de nuestra Ciudad Condal. Quizá algún día explique todo esto de los ramales culturales de entonces, algo que sinceramente, echo de menos. A la batería incorporó a Alessandro Elena, de origen italiano y que Bruce conoció en Londres durante la grabación de algunas demos. Aless posteriormente fue nominado a un Grammy en 2008 como productor y desde entonces es propietario de la productora Two Beards Productions con base en Los Angeles. Y, por último, al ya mencionado anteriormente Chris Dale (Tank, Atom Seed). Bien, estos cuatro jinetes del apocalipsis estaban dispuestos a poner su vida en peligro únicamente para llevar la música a quienes la necesitaban, un halo de energía y fortaleza que les cambió la vida a todos, incluido a ellos.
Paralelamente, el documental explica la vida de jóvenes adolescentes, músicos, artistas, chicos de barrio que vivían en la clandestinidad y que no entendían por qué les estaban matando en una guerra que duró poco más de tres años, causando cerca de cien mil víctimas y un millón ochocientos mil desplazados. Todo ello, fundiéndose con una banda sonora deliciosa, que engloba toda la carrera en solitario de Bruce con imágenes desgarradoras. Por ejemplo ahí tenemos ‘Change Of Heart’, con ese toque latino en muchos pasajes, (si bien tiene su lógica al tener a Roy Z como guitarrista en este tema, un músico totalmente influenciado por Carlos Santana) al igual que la intro de ‘Arc Of Space’ pertenecientes ambas al álbum “Balls To Picasso” (1994) o al inmenso mid-tempo ‘Navigate The Seas Of The Sun’, semiacústico, que parece haberse compuesto expresamente para este documental “…but this darkness is really full of light. Now beyond the earth, beyond all things that gave us birth, we’ll navigate…”. Veinte años después, la banda excepto Alex Dickson, se desplazó de nuevo a Sarajevo para revivir aquellos días difíciles y reencontrarse con dichos jóvenes.


El resto forma parte ya de uno de los documentales mas reflexivos que podáis ver. Momentos entrañables, difíciles de digerir sin emocionarte. Un Chris Dale con lágrimas en los ojos explicando que a él le cambió la vida ese concierto, pues la locura que sintió en su propia piel le ha hecho valorar mucho mas lo que habitualmente no apreciamos. Aunque como puntos mas emotivos, resalto el abrazo estremecedor que le dio uno de aquellos chicos del ‘94 a Bruce Dickinson, casi sin articular palabra, veinte años después, en agradecimiento a esa heroica proeza que hizo con su banda en solitario, o la visita de este último al cementerio para honrar a un adolescente que fue al concierto y falleció semanas después. Es muy complicado ver estas escenas sin conmoverse, realmente son muy dolorosas. Desde su publicación en el 2016, lo he visto en cuatro o cinco ocasiones y no me arrugo en decir que en ninguna he podido evitar acabar con los ojos llorosos.
En definitiva, “Scream For Me, Sarajevo” es el relato de un concierto sobre la esperanza, que sirvió de terapia y catalizador a aquellos adolescentes que se vieron en medio de una guerra que no pidieron y que, tal y como ellos lo explican, durante aquellas horas no sintieron miedo, ni desesperanza. Estaba Bruce Dickinson allí, cantando para ellos, uno de los mas míticos vocalistas de la historia del rock. Amo a Iron Maiden, amo a Bruce, amo la libertad y amo ver como la música tiene tanto poder que es capaz de eclipsarlo todo, hasta el mayor de los problemas, y que aquí se plasma en una simbiosis terapéutica que invita a la reflexión y tuvo un gran impacto en mí. Recomiendo verlo, las veces que hagan falta, abrir tu corazón y tu mente para dejar entrar las historias y poder absorber adecuadamente todo su significado.
Una documento fascinante en el que es fácil sumergirse y que debería formar parte del sistema educacional actual para no perder la fe en la raza humana y que los críos de hoy, sepan al menos, situar Sarajevo en un mapa mientras se ponen la gorra de lado.
P.D.: Quienes quieran ver el documental completo podéis enviarme un email o un DM via Instagram y os lo envío. Los derechos de autor por parte de Eagle Rock Entertainment, perteneciente a Universal Music, me impide ponerlo a disposición de todos.
Reverendo ▴ S A N T A

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