USA ▴ Twenty-Three Days Through Southern Roads

USA ▴ Twenty-Three Days Through Southern Roads

Nos amontonamos como auténtica basura esperando la aprobación de nuestro particular valedor, o simplemente, por nobleza ciudadana. Siempre he dicho que somos como perras olisqueando al vecino, viviendo sobre un hilo de inseguridades, prejuicios e intentando mejorar nuestra autoestima (lo que yo llamo tener un one-hit-wonder) en un mundo en el que parece que ya nadie es puro. Hace años que me considero un insubordinado, y todo ello ha derivado a que no tenga siempre un conglomerado de palabras sinsentido en mi cabeza intentando organizarlas para no ofender. La vida parece corta, e intento no perder el tiempo vegetando esperando esa aprobación. Frank Zappa era soporífero, pero a veces muy sabio en sus reflexiones: “Without deviation from the norm, progress is not possible”.
Ahora olvidamos los matices, las historias que hay detrás, nadie profundiza, casi todo parece haberse perdido. Años atrás, donde todo costaba un poco mas, detallábamos las ilusiones, cualquier desenfreno, repetíamos estrofas mentalmente, idealizábamos las historias, lugares y mensajes incomprendidos que en multitud de ocasiones nos ablandaban convirtiéndonos en tiernos chicos de barrio. Siempre había una historia detrás que enriquecía y servía para ser alguien un poco mas auténtico y menos pamplinas. El mundo cambia y las nuevas generaciones son tan frívolas que viajan para mostrar a su universo virtual dónde están, aunque ni siquiera lo sepan realmente. Pero si existieran mas vecinos como yo, a los que les importa una mierda dónde y que tipo de paella comen, o si su culo no deja espacio libre en un sillón de mimbre, creo que volveríamos de nuevo a esos años mas genuinos.
Es por todo ello que lo que está escrito a posteriori no pretendo que os inspire, ni entendáis tan siquiera mi lenguaje, ironía y mitomanía por un viaje poco común entre Septiembre y Octubre del 2018. De hecho, me sentiría satisfecho si después os acordáis de mi madre y mi cumpleaños.
Reverendo S A N T A
No era la primera vez que me veía volando a los Estados Unidos, ni la segunda, y aun así, siempre tengo la sensación que vuelvo a un lugar inexplorado y a la vez, tan cercano. Un déjà-vu que repetiría cada año, digamos que algo así como ir a cualquier isla de Tailandia que empiece por Ko para una tonta influencer y pedir al novio que le eche una foto con su bikini nuevo. Nos esperaban tres semanas de viaje, y no uno cualquiera. Quienes han visto Easy Rider saben que la aventura de Dennis Hopper y Peter Fonda empezó en Los Angeles y terminó en New Orleans, pero como somos tan chulos lo íbamos a hacer al revés, íntegramente.
Nunca había sobrevolado antes por la Península Delmarva, situada justo al Este de los Estados Unidos, en un anochecer despejado, donde se distinguía perfectamente su cabo estrecho pegado a Virginia Beach. Era como dibujar un mapa de unir por puntos, que si me hubieran dado un poco mas de tiempo casi lo lograba hacer.
Llegada de dos tipos cansados para el trasbordo a Charlotte (North Carolina) sobre las nueve de la noche (hora local), donde para nosotros era bien entrada la madrugada si nos ceñíamos a nuestra hora natural. Tras esperar una hora en una flamenca sala de espera del aeropuerto, olor a salsa ranch-style, nos dirigimos a la salida de nuestro vuelo interno camino al destino final donde nos esperaba nuestro Sargento Foley particular, de mirada fría, en los accesos de control de inmigración y seguridad. Mi paso fue relativamente rápido después de explicarle que las uñas de mis pies estaban sin cortar pero que no suponían un peligro para la seguridad del aparato, pero la de mi compañero de aventuras fue digna de la película This Is Spinal Tap. Desconocedor del idioma anglosajón, Mr. Foley intentó sonsacarle que tipo de peligro traía a su tierra amada y/o negocio ilícito tenía previsto, sometiéndole a un tercer grado en toda regla mientras él asentía con su cabeza, sonrisa en boca, como si le estuviera dando la bienvenida. Mientras, una oficial de raza negra que parecía haber salido del programa “My 600-lb Life” me impedía acercarme para ayudarle en sus respuestas, hasta que por fin un trabajador del aeropuerto pudo traducirle y aclarar las dudas de “Heil Foley. He de decir que ambos llevamos el cuerpo entero tatuado, pero mi amigo incluyendo cabeza y cuello de sólido negro, algo que no acababan de entender. Welcome to America, homies!
CRY OF LOVE – Peace Pipe – “Brother” (1993) 
Deberían haber sido tan grandes como The Black Crowes, y a día de hoy, aún me sorprendo del por qué se les negó esa popularidad. Este debut es una obra maestra, infravalorada, olvidada y rezo para que siga así, ya que se convirtió desde ese mismo año en una pieza de culto para mi vigoroso oído adolescente de la época. ¿Sabéis lo increíble que es escuchar cosas tan enormes y que tan poca gente conoce? Yo sí. Es como incubar el mismo huevo y no dejar que el polluelo vea el mundo. Biológicamente horrible, lo sé, de hecho no sé por qué debería escribir acerca de ellos, es incoherente. Formados en Raleigh, North Carolina, lo tenían todo: Una influencia de Free, Humble Pie y Bad Company mas que notable, imagen, actitud, chulería a destajo y diez temas soberbios donde sobre todo resaltaba su vocalista, el hasta entonces desconocido Kelly Holland. Amo “Peace Pipe”, representa toda la esencia de esta extraordinaria banda y donde Holland roza la perfección vocal y un talento desmedido, que me fascinó desde aquel 1993. Blues-rock, revival, boogie, southern-rock, es posiblemente el disco que mas veces he escuchado, sin necesitar un merecido descanso para volver a subir el volumen. Holland dejó el grupo tras este debut, dentro de una espiral de depresiones y el segundo y último álbum de Cry Of Love, ya con Robert Mason como nuevo frontman, pese a ser un buen trabajo, es un absurdo intentar compararlo con uno de los mejores debuts de la historia del rock’n’roll. Sí, para mí, porque jamás pretendí llevar toga ni me importa. Audley Freed (guitarra) fue posteriormente miembro de The Black Crowes (casualidad, ¿no?), Robert Kearns (bajista) entró en The Bottle Rockets, mas tarde miembro de Lynyrd Skynyrd e incluso publicó un E.P. junto a Freed en una banda que llamaron Big Hat. ¿Que fue de Kelly Holland? Murió en el 2014 a los 52 años, oficialmente por una infección de estómago, pero nadie duda que sus demonios internos eran el antagonismo de su halo como vocalista. Una pena, pero nos dejó algo eterno.
P.D.: El sello discográfico francés Bad Reputation se hizo con los derechos para una reedición con cinco bonus-tracks, que evidentemente tengo en mi estantería, disculpad.
New Orleans, pronunciado “New Ahl-lee-ins” para los autóctonos y el acrónimo NOLA para quienes lo dicen coloquialmente. Llegamos de madrugada, directos al rent-a-car, y para nuestra sorpresa, nos dejaron elegir vehículo. Mientras dudábamos en elegir una enorme pick-up, finalmente escogimos un Chevrolet Impala nuevecito que tenía la peculiaridad de poder tener el capó en un Estado y el maletero en otro al mismo tiempo. Nunca se sabe si tendríamos que meter una vaca con sus cuernos dentro de él o esconder a Oprah Winfrey (por buscar un símil) para evitarle el asedio de los paparazzi. Recuerdo a mi amigo mirar que le faltaba la placa de matrícula delantera, extrañado, pero para quienes viajéis por primera vez a los States deberíais saber que en algunos Estados como Louisiana no es obligatorio, al igual que en otros Estados sureños, lo que por otro lado es perfecto para ver en todo su esplendor las preciosas parrillas delanteras de algunos modelos americanos. Tras las risas, no fuimos al Hotel. Recomiendo siempre la primera noche tener un Hotel reservado, y aunque nosotros fuimos de alquiler privado el resto del viaje (algo que por supuesto es perfecto para integrarte en un país), es mucho mas cómodo saber que sea la hora que sea te atenderán y lo tendrás todo dispuesto para descansar de un largo viaje. Esto último es muy de repelente bloguero-viajero, realmente no me siento orgulloso de la puntualización, pero he visto gente que abre la boca mirando el techo fijamente o preguntan por las nueces cuando les dan las tenazas de cascar el marisco, por lo que nunca está de mas.
A las 3am fuimos a uno de esos maravillosos bares-tabernas abiertos 24/7/365, en este caso el St. Charles Tavern del oscuro barrio de Faubourg Lafayette. Dos pintas de Pabst Blue Ribbon casi congeladas como entrante acompañadas de unas tiras de pollo gigantes con patatas y, antes de levantar la cabeza del primer sorbo, se nos presentan varias chicas enormes de raza negra de Des Moines (Iowa) con los típicos collares de Mardi Gras preguntándonos todo tipo de información sobre nuestra vestimenta, tatuajes, procedencia y en que grupo de música tocábamos (¿?), para después regalarnos dos de éstos dorados, símbolo de poder, e invitarnos a seguir con ellas de fiesta. Se supone que cuando te regalan algo así debes dar algo a cambio, así que les dejamos coger algunas patatas, el placer de hundirlas en la salsa barbacoa, una servilleta firmada y un adiós. Y por cierto, en el bar sonaba la versión de “Once Bitten Twice Shy” de Great White, un tema original de Ian Hunter (vocalista de Mott The Hoople) que la banda hard-rockera convirtió en todo un éxito. Primera noche en Louisiana y nos sentíamos unas auténticas rock stars.
El día siguiente, con varios cafés aguados de medio litro, fuimos con nuestro enorme Impala directamente a nuestro nuevo hogar, una casa privada típicamente sureña en el entrañable barrio de Hollygrove, cuna del crimen y tráfico de drogas en los 70’s y actualmente con un 186% de criminalidad con respecto al promedio estatal, barrio natal además, del rapero Lil Wayne. Queríamos estar cómodos, sólo nos faltaba color en la piel, una camiseta de beisbol XXL y una cadena de oro. Nuestro anfitrión, Devin, un bohemio con muchas guerras perdidas, nos dejó todo lo necesario para hacernos la estancia lo mas cómoda posible, incluyendo varios cinturones para armas y banderas rednecks, aparte de charlas diarias a hora muy temprana (en NOLA amanece realmente pronto) sentados en las sillas del pórtico mientras declinábamos diariamente su ofrenda de la “best weed of Louisiana (palabras textuales). Él vivía junto a su mujer en la casa de al lado y justo enfrente veíamos a todas horas un típico autobús escolar made in america aparcado, a lo que a nuestra extrañeza, Devin nos explicó que es del propietario de la otra casa y que va y viene con él todos los días….This is America! Puedes aparcar tu maldito autobús de quince metros delante de casa: “You must be jokin’!” le dijimos…”I swear it, dude” nos respondió. Al final, era como estar en casa, y eso es lo mejor de viajar a nuestra manera.

Nuestra casita en Hollygrove

El vecino se movía con su utilitario y aparcaba en la puerta

El sur de Louisiana respira música, misticismo y a NOLA se le conoce como la ciudad encantada. Como nada me sorprende a estas alturas diría que su glorioso French Quarter, fuera del Mardi Gras, es una enorme bachelor party que ha perdido su esencia, y si no se ha estado previamente en su famoso barrio, la realidad que encuentras, olvidándote de sus miles de reseñas románticas, son los asistentes a dichas fiestas privadas, suciedad, calles resquebrajadas por el Katrina sin rehabilitar, alcohol a raudales y algunos avispados autóctonos que están a la espera de que éste haga su función para limpiar los bolsillos a mas de uno. New Orleans es peligrosa, gangsta e impredecible, de ahí su peculiar encanto, pero debíamos vivir el corazón del barrio francés, no podíamos dejarnos algunos de sus legendarios antros como el Preservation Hall Jazz Club. Louis Armstrong llegó a decir del P.H.J.C.That’s where you’ll find all the greats”; Louis Prima, Duke Ellington, Fats Domino, Tom Waits, Paul Newman, Steve McQueen, presidentes, mafiosos o Tom Waits (que grabó un álbum junto a la Preservation Hall Jazz Band en el 2009) han estado o tocado habitualmente allí, es decir, tiene tanta historia entre sus paredes que se le puede considerar el Santo Grial del jazz. Pero existía un enorme problema para nosotros: Ni se podía beber, ni fumar y casi ni hablar en su interior, así que fue una visita de pura cortesía melómana para decir aquello de “We were there” porque ya habría tiempo de ir a misa otro día. Otro de nuestros destinos en French Quarter era el bar Old Absinthe House, caótico, tenebroso y rodeado de madera. Hicimos amago de tomarnos una auténtica Absenta (la bebida llena de misticismo que decían te hacía perder la cabeza) en la misma barra donde el líder de culto y escritor Aleister Crowley redactaba en 1916 su ensayo “The Green Goddess” mientras esperaba a su amante bebiendo esa “…fascinating but subtle poison” (Absinthe: The Green Goddess – 1918 The International Ed.) o donde Jimmy Page conoció a su primera mujer, Patricia Ecker, camarera del Old Absinthe House en el ‘86, y que años antes, en el ’79, Led Zeppelin pidió que recrearan el interior de ese bar en diferentes perspectivas para la portada de su álbum “In Through The Out Door”. La gigantesca banda inglesa pasaba largas temporadas en la ciudad, y era tal su pasión por ella que le dedicaron el tema “Royal Orleans”, incluida en su álbum “Presence” de 1976 (…down on Bourbon street, you know it’s right..). Que decir, nos hubiera gustado esperar que la Absenta hiciera su efecto, pero no estábamos preparados para beber esa pócima mágica. Calles arriba fuimos a otro mítico antro del barrio, el Larry Flynt’s Hustler Strip Club, con sus letreros de neón, sus copas caras, su enorme barra central de pole-dance y chicas promocionando ropa interior. Todo bajo el nombre de la mas mítica revista porno de los USA, Hustler, y de toda una institución, la de su creador y editor Larry Flynt, el azote de los derechos morales y supremacistas blancos, que le dejaron en silla de ruedas en 1978 porque osó en publicar fotos pornográficas de un hombre negro con una chica blanca (ver “The People vs Larry Flynt”, nominada en los Oscars de 1996). Sólo por eso y por ver el vicio que se respiraba en su interior había que ir a ver parte del imperio del Tito Flynt.
N.d.R: Hustler Magazine era la alternativa decadente y perversa a Playboy, perfecta para momentos de onanismo confinado. En el 2011 se publicó “One Nation Under Sex” donde el querido Larry relata los desvaríos sexuales de los políticos americanos del pasado. Si es que hay que quererle…
La visita al House Of Blues de NOLA era una de esos acontecimientos que no podíamos dejar pasar. Tras visitar años atrás el ya demolido House Of Blues de Sunset Strip L.A. para ver a Goo Goo Dolls y después cenar al lado de John Rzeznik, el H.O.B. de Las Vegas y ver en directo a Warrant poco antes del fallecimiento de Jani Lane o el H.O.B. de Anaheim…sólo necesitaba ver el de New Orleans, sin duda el mas bonito de los, ahora once, restaurantes-locales musicales a lo largo de los Estados Unidos. Hará unos doce años ya realicé un reportaje para El Diablo Magazine sobre este monopolio bluesero americano (que tiene su gracia) y sobre todo, sus millones de dólares de inversión. Y es que allí no se conforman con locales asépticos llenos de mugre, ya que algunos cuentan con la complicidad del ejecutivo gubernamental. La compañia House Of Blues fue creada con capital de miembros de Aerosmith, Dan Aykroyd, el fallecido River Phoenix, James Belushi y sobre todo de Isaac Tigrett, cofundador de Hard Rock Café y un auténtico man of affairs apasionado de la música. Escondido en un callejón, tiene una de esas entradas que no olvidas fácilmente con el lema “In Blues We Trust” en la parte superior y, siguiendo el pasillo, te encuentras con el Voodoo Garden, una terraza con música en vivo a todas horas, ya sea hillbilly, blues, jazz, soul….donde pudimos disfrutar de una banda de versiones de clásicos de Dr. John, Yardbirds, Bo Diddley o Muddy Waters. Su sala de conciertos es de otro mundo, a dos niveles, parece salida de cualquier mansión colonial, llena de color y revestida íntegramente de madera, una obra de arte. Nunca olvidarás tu salida de allí, ya que te espera un cartel recordándote uno de sus lemas: “Go In Peace, Remember The Blues”.
Durante esos días en “New Ahl-lee-ins” cenamos en el escondido Buffa’s, por recomendación de un buen amigo, Ramesh, que por su trayectoria profesional dentro del music-business conoce perfectamente cualquier rincón melómano de esta tierra. Un lounge-bar con música en directo, ¡como no!. Nos escapamos también al Santos Bar, bordeando la desembocadura del Mississippi y toda una institución del rock’n’roll de la vieja ciudad con un retrato de Lemmy presidiendo sus paredes.

Está claro que no íbamos de típicos turistas, pero ver a plena mañana el barco de vapor Natchez mientras tocan su Steam Calliope (órgano de vapor) o la catedral de St. Louis en plena Jackson Square con decenas de músicos callejeros y predictores de futuro con patas de conejo, forma también parte de su encanto. Visitamos el The National WWII Museum, designado por el Congreso en el 2003 como museo oficial estadounidense de la Segunda Guerra Mundial, en el cual, si ya entramos emocionados, salimos con la piel de gallina. Nos encanta el belicismo histórico, y ese recinto era para nosotros como regalarle un auténtico fusil Henry de la Guerra de Secesión a Ted Nugent, por lo que íbamos a ser el orgullo de nuestro anfitrión Devin cuando llegáramos a casa y tuviéramos nuestros momentos de charla conjunta. Nada mas entrar a ese gigantesco espacio te encuentras colgado del techo (sí, como una lámpara) el auténtico bombardero B-17 “My Gal Sal”, famoso por ser obligado a aterrizar en Groenlandia en 1942 por el mal tiempo cuando se disponía a embarcarse en un ferry hasta Inglaterra en la Operación Bolero, previa del ataque aliado a los nazis. Jeeps, submarinos, la auténtica máquina de comunicaciones nazi Enigma para los mensajes encriptados, uno de los pocos ejemplares de época del Mein Kampf, míticos Panzer alemanes abandonados a su suerte, cartas entre familiares y objetos personales de soldados de todos los bandos, trajes de los kamikazes japoneses, periódicos internacionales con portadas históricas, y todo lo que un fanático de la mitología bélica puede llegar a soñar; pero si hay algo que nos afectó, al menos a mí personalmente, fue entrar en una estancia donde había alrededor de sesenta mil chinchetas de diferentes colores (según bandos), donde cada una de ellas significaba la muerte de mil personas en dicha guerra, es decir, un total de sesenta millones. Acojonante. Otro de los momentos mas emocionantes fue sentarse en una de las decenas de salas con pantallas gigantescas y sonido envolvente con audios reales entre pilotos de aviones, militares, audios robados a los nazis a través del espionaje y declaraciones de Presidentes, algunas tan célebres como la de Winston Churchill que inspiró a toda una nación decaída y que Iron Maiden utilizó como prólogo del tema “Aces High”: “We shall go on to the end, we shall fight in France, we shall fight on the seas and oceans, we shall fight with growing confidence and growing strength in the air, we shall defend our Island, whatever the cost may be, we shall fight on the beaches, we shall fight on the landing grounds, we shall fight in the fields and in the streets, we shall fight in the hills, we shall never surrender!”. Y quizá me equivoque, pero uno de los propósitos ocultos de ese Museo es salir de allí arrastrándote y sentirte mas inofensivo que John Lennon vestido de blanco con el cartel de “War Is Over”. Inconmensurable, tanto a nivel educacional como personal.
Siguiendo nuestro recorrido mas melómano, si hay un barrio auténtico, rockero y poco turístico por excelencia en la ciudad menos americana de Estados Unidos es Uptown, que rápido convertimos en nuestro refugio diario al anochecer. Allí está Le Bon Temps Roule, que aunque a muchos no les suene de nada, es propiedad de Pepper Keenan, líder de Corrosion Of Conformity y miembro de Down junto a Phil Anselmo (Pantera), quien por cierto, frecuenta el local al ser vecino y amigo de Keenan. El primer día que visitamos el bar musical preguntamos (porque en según que momentos no hay que tener humildad) por Keenan, pues queríamos saludarle cuál partner-in-crime. La camarera nos dijo que había estado allí el día anterior, pues no estaba en esos momentos de gira, y fue justo en ese momento donde conocimos a uno de estos personajes que añoras el resto de tu vida y que nos animaria el resto de la noche: James, el chef del mejor restaurante francés de NOLA, el Antoine’s. Nuestro entrañable amigo, con varios Bourbons recorriendo sus venas, su gorra de béisbol casi cayéndose y agarrándose a la barra como si fuera un steak de ternera, nos preguntó de dónde éramos. Ese fue el principio de su larga oratoria alcohólica acerca de su amistad con Pepper Keenan, la escena musical actual y su día a día en la ciudad, así como recomendarnos los sitios genuinos para continuar la velada, ofreciéndose a acompañarnos e invitarnos a comer en su restaurante al día siguiente como si saliéramos directamente de un talk-show de celebridades. Que duda cabe que no pagamos nada de todo lo que nos llegamos a beber, iba a cuenta del gran James, hasta que la camarera, que parece conocía bien sus desvaríos, le dijo que no podría volver solo a casa en ese estado. Nosotros teníamos una cita en el Tipitina’s y tras despedirnos del amigo improvisado prometiéndole que al día siguiente iríamos a comer a su restaurante, vimos como salía detrás nuestra tambaleándose y ofreciéndose a acompañarnos como buen samaritano local hasta que confundió nuestras sombras con las de un árbol. Comer en el Antoine’s Restaurant al día siguiente ya no era posible, dudo nos reconociera.

Nuestro querido chef James, en una noche tan movida como la foto
Tipitina’s es uno de esos locales musicales que tienen tanta historia como la ciudad en sí. El edificio fue construido en 1912, siendo en sus primeros años una Casa de Lenocinio, vamos, un burdel, prostíbulo, videoclub sin video… y aunque por fuera no parece nada del otro mundo, su decoración interior es lo que realmente esperas: derrocha personalidad, buen gusto y en unos minutos iban a tocar los punk-surfers californianos Fidlar, así que lo tenía casi todo a falta de unas respuestas a preguntas que, irremediablemente, nos vinieron a la cabeza sabiendo la historia del Tipitina’s: ¿Habría sido propiedad de la famosa madame Josie Arlington? ¿Existirían aún restos de flujos seminales del rey del hampa de la Big Easy Silver Dollar Sam o del famoso asesino The Axeman of New Orleans entre sus paredes? ¿Que tipo de catering con respecto a estupefacientes habría en el backstage para Perry Farrell y Dave Navarro durante la grabación del horroroso bootlegJane’s Addiction – Live At Tipitina’s ‘89”? Siempre nos quedaremos con las dudas. Fidlar tocaban sus últimas notas y nos pedimos un Uber, que funciona perfectamente en los States excepto si no fuera porque son auténticos congeladores humanos, y para nuestra casita blanca a descansar.

DOWN – Stone The Crow – “NOLA” (1995)
Si por las pantanosas tierras de Louisiana había que invocar una canción, esa no podía ser otra que “Stone The Crow” del supergrupo Down. Un debut que destrozó literalmente a sus coetáneos en el año de su publicación. Lo que en un principio iba a ser un grupo paralelo de Phil Anselmo (vocalista de Pantera), Pepper Keenan (guitarra de Corrosion Of Conformity), Kirk Windstein (guitarra de Crowbar y bajista de estudio en este álbum) y Jimmy Bower (batería y miembro de Eyehategod), se transformó en un perfecto engranaje que perduró con el tiempo. Su mezcla de metal, southern-rock, groove, stoner era incatalogable en muchos aspectos, lo que sacó a la luz un subgénero llamado sludge (lodo y fango), algo que cobra sentido teniendo en cuenta su sonido pesado, saturado, la crudeza y la procedencia de todos sus miembros: New Orleans (de ahí también, el título del trabajo). Estábamos acostumbrados a la agresividad desmedida de Anselmo con Pantera bajo la guitarra afilada de Dimebag Darrell, y en Down explora todos sus registros vocales. Es una bestia rabiosa, enjaulada y fuera de su hábitat natural, en los que por momentos le es imposible evitar la cólera, siendo la cúspide en cuanto a tesituras vocales esta masterpiece titulada “Stone The Crow”. Es inevitable no pensar escuchando sus primeros acordes y en muchos momentos en Lynyrd Skynyrd o The Outlaws, pero sumando riffs secos y poderosos, sucios, que junto a solos sobrepuestos del gran Keenan y una melodía adictiva, dan lugar a vaciar lo mejor de Anselmo y por ende, de “NOLA”. Una obra maestra absoluta de canción y de álbum.
Tras unos días en NOLA visitando tiendas de Voodoo, galerías de arte, comiendo la típica cocina Cajún incluyendo el Jamabalaya y tomando café únicamente en calzoncillos en nuestro pórtico a las 6am con nuestros vecinos hippies, una de las cosas que mas disfrutamos fueron los desayunos en Ted’s Frostop, un mítico local a escasos metros de nuestra casa abierto por Ted Sternberg en 1955 y que no hay alma en la ciudad que no lo conozca, pues entre otras cosas, en este American Diner se grabaron escenas de “Jack Reacher: Never Go Back” con Tom Cruise. Tocaba decir adiós a nuestra primera parada y al difícil de entender acento de Louisiana. Se nos quedará en nuestra memoria lo mejor y lo peor de esa ciudad, pero me sorprendió la cantidad ingente de homeless (parecía el barrio de Skid Row de L.A.) viviendo bajo los múltiples puentes con tiendas de campaña que les donan las parroquias, un número que se disparó tras el huracán Katrina y en los guetos mas pobres y peligrosos, como el Felons Flat. Creo que el “Make America Great Again” del Partido Republicano no funciona para todas las clases sociales.

El carismático Ted’s Frostop American Diner
Preparamos nuestro Chevy, digno de un gangster de la zona, para pasar el día por las carreteras de Louisiana camino a Texas. Nuestra próxima parada iba a ser la Evergreen Plantation, justo a unas millas al Oeste en dirección a Baton Rouge por la Airline Hwy pero, aunque teníamos veintitrés días por delante, las dimensiones del país te obligan a segregar, como hacían los oriundos con los esclavos africanos en el s. XIX, así que nos desviamos a la más cómoda Interstate 10. Evergreen Plantation fue una de las mayores plantaciones de algodón de Louisiana, y joder, que decir, ahí se grabó la escena de Django Unchained (Quentin Tarantino) donde Schultz y Django visitarían al racista Big Daddy. Actualmente es una propiedad privada, se necesita cita previa, y nosotros no estábamos dispuestos a hacer una entrada a lo grande entre sus gigantes robles con una pandilla de ancianos con calcetines blancos y un pin de Trump.
Pasamos de largo Baton Rouge pero no así atravesar la Cuenca Atchafalaya, que nos dejó como auténticos críos cuando tienen su primera erección. La carretera pasa por encima de sus pantanos verdes a través de pilares y diques llenos de caimanes disfrutando del día. Si Las Vegas tenía el desierto para esconder cadáveres en las mejores épocas de la Mafia puedo imaginar donde iban las sobras de las peleas en los Casinos de Baton Rouge entre los 50’s-70’s. Algo curioso de estos tramos de carretera son los grandes neumáticos de camión reventados en las calzadas laterales (sí, parece una tontería pero vimos cientos de ellos) y varios desniveles brutales de carretera. El que se lleva la palma de estos últimos es el puente sobre el río Calcasieu en Lake Charles, nos quedamos con la boca abierta al pasar por él, ya que tiene un cambio de rasante tan brutal que pensábamos que al otro lado empalmábamos con el Dragon Khan. Por cierto, justo después, camino a Houston, se cruza en coche Port Arthur, ciudad natal de Janis Joplin.

Puente que conecta Lake Charles con Westlake, que también se le conoce por haberse construido como conmemoración de la WWII
Nuestra intención era llegar a Galveston Island y dormir allí, con suerte no encontraríamos mas cadáveres de los once que dejó en sus pantanos el, supuestamente, serial-killer Ed Bell durante los setenta, pero finalmente decidimos continuar. Galveston no deja de ser el destino turístico de los tejanos y no difiere mucho de lo que puede ser la costa angelina, con su muelle de atracciones y sus largas playas, así que nos dispusimos a ir directamente a cenar al pequeño pueblo de La Grange (¿os suena?) dejando a un lado Houston, que aparte del “we have a problem” del Apollo 13 no es espacial, perdón, especial. ZZ Top (lo otro que vale la pena de Houston) dedicó una canción al burdel Chicken Ranch, que abrió sus puertas en 1905 bajo la falda de Madame Miss Jessie en La Grange hasta principios de los ‘70. Todo esto no tendría mucha historia si no fuera porque probablemente es el tema mas conocido de los barbudos tejanos: “Rumour spreadin’ ‘round in that Texas town about that shack outside La Grange and you know what I’m talkin’ about, just let me know if you wanna go to that home out on the range. They got a lot of nice girls, huh…”. Parar en cualquier pequeño pueblo de la zona mas despoblada de Texas, sobre todo en la zona norte del Estado, es tener la sensación de que te encontrarás al mismísimo Billy The Kid por la calle en cualquier momento y en La Grange no es distinta (un Billy The Kid que por cierto está enterrado en el pueblo de Hico, cerca de allí). Comimos algo en un pequeño drive-in, hice una foto a la característica torre de agua que da entrada al pueblo con su nombre y vimos el río Colorado (el Tejano) que atraviesa y da vida a La Grange. En USA tienen dos ríos Colorado, sí.
Dejamos de lado San Antonio, no era de nuevo de nuestro interés, e íbamos directamente a dormir a Austin, nuestro nuevo hogar por unos días. Teníamos una casa reservada en el barrio de Westfield, a cuatro manzanas, de nuevo, del río. Dimos con ella tras hablar varias veces con la propietaria, ya que de noche y algo escondida, no había manera de dar con la casita digna de Leatherface y su motosierra que nos enamoró desde el primer momento. Carley es músico y viaja a menudo, así que alquila su casa de madera al mejor postor, piano incluido, para que practiques cuál Ludovico Einaudi. Lo mejor de viajar alquilando casas enteras es la libertad absoluta de movimiento, aparcamiento, sentir que tienes un hogar fuera del habitual, no depender de comida basura (teníamos un Randalls justo al lado en este caso) y sobre todo la integración total con los autóctonos.

 

Nuestro hogar a las afueras de Austin, digna de Leatherface
Austin, la capital de Texas y de la música americana en vivo, es una de las tres localizaciones en las que podría estar como en casa, pues lo tiene todo para mí (o casi); de hecho, es la mejor ciudad para vivir en USA según el informe anual de US News & World Report del 2019. Nuestro primer día fuimos a Congress Avenue, una inmensa avenida donde se ve en todo su esplendor el Capitolio y justo al lado de la mansión del Gobernador de Texas, y no fue al azar. Hará unos diecisiete años, recorriendo Santa Mónica (California) di por casualidad con la que se convertiría en una de las tiendas fetiche de mi vida, donde todo estaba dedicado a la memorabilia musical y cinéfila: Wild About Music. En ella podías encontrar autógrafos, guitarras, discos de oro, fotografías, ropa y cualquier objeto inimaginable con su C.O.A. numerado (Certificate Of Authenticity) de cualquier artista que pudieras imaginar y al precio que puedas pagar, sea Jerry Garcia, Bon Scott o Marlon Brando. Años mas tarde cerraron y se trasladaron a Congress Av. de Austin y como no, era visita obligada. Pues bien, ha dejado de serlo. Lo que debía ser ya no lo es, y está mas dedicado a la memorabilia barata para turistas y flujo de dinero fácil que a la mitomanía que aún conservamos algunos. Igualmente pudimos ver el Paramount Theatre, justo al lado, donde es imprescindible encontrar alguna oportunidad de asistir a algún concierto. Aquel día nos desplazamos a la alternativa Guadalupe Street a probar la deliciosa carne ahumada tejana en el Black’s BBQ, recomendado por mi amigo Unai, promotor y road touring de bandas como Brujeria, que en su momento agruparon a Billy Gould (Faith No More), Dino Cazares (Fear Factory), Shane Embury (Napalm Death) y que, como gran viajero, tiene amigos hasta en el infierno. Lo cierto es que meterte unas costillas gigantes o una libra de ternera ahumadas en su terraza es un auténtico desvarío estomacal, pero no era un viaje sobre la cultura fitness ni vegana y en los aeropuertos no cobran tasas extras de peso excepto en el equipaje. De ahí fuimos caminando a la gigantesca tienda de ropa de segunda mano Buffalo Exchange, donde puedes llegar a sentirte un auténtico cowboy con cuatro prendas.
Uno no siente peligro en Austin excepto si quieres probarlo directamente paseándote por East Austin y la zona de Johnston Terrace, pero en general la reputación de la ciudad es inmaculada y se nota, algo que no nos sucedió en Dallas. Además, nosotros estábamos preparados, dormíamos cada día en la casita de Leatherface, que era ideal a altas horas de la noche para manchar tus pantalones con los graznidos de cuervos, tanto, que a veces fumábamos dentro con tal de no tentar a la suerte y sentirnos los protagonistas de “Los Pájaros” de Alfred Hitchcock. Me rio yo de nuestras palomas, angelicas.
La ciudad tiene dos mitos musicales (Stevie Ray Vaughn y Willie Nelson) que, aunque no nacieron en el mismo Austin, se les considera parte de indisoluble ésta, era su hogar. Es por eso que cada uno de ellos tiene su propia estatua y Nelson es poco menos que Dios allí. Lo curioso es que sus estatuas están únicamente separadas por el río, la de Stevie Ray es algo mas complicada de encontrar, pues está en un hueco del imponente Town Lake Metropolitan Park (donde es muy fácil perder a tu perro u otra parte de la familia de manera voluntaria si lo deseas) y la de Willie Nelson simplemente cruzando el puente de South 1st Street. Una de las tardes fuimos a South Congress Avenue, aunque no sería la primera vez que la visitáramos, porque es para disfrutarla, y allí nos pasó una de las muchas de anécdotas que tuvimos durante este long-trip. Al llegar al famoso Güero’s Taco Bar (escenas de Death Proof de Tarantino se grabaron allí) nos dimos cuenta que en su terraza, en un edificio contiguo, estaba lleno de cowboys y familias vestidas con el típico mono tejano, colgantes bolo, bandanas…en fin, una maravilla. ¿Y dónde si no pasar las siguientes horas? Ok, iba a tocar un grupo de bluegrass de típicos hillbillies sacados de los Apalaches y era free admission, asi que era una bendición de Dios. Lo que no esperábamos es que éste enviara a un discípulo suyo de metro cincuenta, con botas de espuelas, un traje negro con su respectivo alzacuellos y una caja blanca en forma de hucha de una congregación cristiana que no te dejaba entrar si no dejabas una “donación” mínima de $20 (by the Grace of God). Nos entró la risa (ante la atónita mirada del prosélito), pero valió la pena. Dentro pudimos ver tocar, entre otras joyas, “The Chicken Song” con todos los miembros del grupo vestidos de pollitos, y sé cómo se llamaba la canción porque tuve que preguntarlo ya que no podíamos irnos de allí sin saber cómo se titulaba ese hit-single granjero. Por cierto, siempre con una cerveza Lone Star en nuestras manos, la estrella solitaria de la bandera de Texas, todo un descubrimiento etílico.
ARC ANGELS – Too Many Ways To Fall – “Arc Angels” (1992)
Existen grupos que dejan huella y en muchas ocasiones suelen tratarse de proyectos efímeros, que por cuestiones circunstanciales, uno ya pone una velita y espera que acaben. Arc Angels es uno de esos. Tras el fallecimiento de Stevie Ray Vaughan, su banda de acompañamiento durante los últimos doce años, Double Trouble, se unieron con el prodigioso guitarrista zurdo Doyle Bramhall II y con la ex-estrella de la new wave, Charlie Sexton, voz y guitarra rítmica, que con su hit-single en solitario titulado “Beat’s So Lonely” reventó las listas de éxitos a mediados de los ’80. Una auténtica superbanda. Doyle Bramhall II no era Vaughn en cuanto a feeling y clasicismo, pero este debut, pese a que bebe del blues, la voz tan poderosa de Sexton y las composiciones de éste último hicieron que, con sus dobles guitarras y duelo de voces (Bramhall II canta en algunos temas a dúo con Sexton como en “Living In A Dream”) se englobaran dentro del blues-rock, southern e incluso en algunos momentos al hard-rock. Para mi, esta canción, “Too Many Ways To Fall”, es una borrachera de momentos épicos, sin respiros, que te envuelve, capaz de alegrarte un día de barro hasta las rodillas, sólo hay que ver el video donde la interpretan en directo aquel 1992 en The Jay Leno Show. Desaparecieron en tres años, justo lo que yo deseaba del Primavera Sound y siguen vendiendo palomitas de colores. Los problemas de adicción a las drogas de Bramhall II y que Sexton le quitara todas las groupies arruinó algo mas que predecible. Años después, trabajaron con Eric Clapton, Bob Dylan, David Bowie, Chuck Prophet y como curiosidad, la canción “Sent By Angels” de este debut está dedicada a Stevie Ray, que menos. Que Dios bendiga esta canción y la recoja en su lecho.
 
South Congress Avenue, bueno, que decir, es el amplificador de válvulas de un buen audiófilo, todos quisieran tener uno en su casa. Mi gran amigo y un hermano para mí, Antonio Blanco, toda una institución del Custom internacional e íntimo amigo de Jesse James (West Coast Choppers), así como Carlos Gascón, mi querido Charlie, A&R, promotor y agente de artistas y DJ’s como el ganador de un Grammy Roger Sanchez, nos abrieron la puerta para ser apadrinados en la ciudad por Ashley Dupree, que gran descubrimiento. Ashley, aparte de tener una agencia de gestión de propiedades de lujo y management, es una de las organizadoras del Republic Of Texas Biker Rally, que junto a Sturgis y Daytona Beach, son los tres eventos de motos custom mas grandes y con mas fama del país, donde el último año cerraron mas de cincuenta manzanas del downtown de Austin. Y que decir, everyone knows Ms. Dupree in town. De su mano fuimos a South Congress y visitamos la tienda física de Revival Cycles, claro, entrando recomendados como unos jodidos reyes, crecían flores del suelo a nuestro paso en su espectacular establecimiento esquinero. Allí conocimos a Josh, el encargado, a simple vista un hippie con dos trenzas que resultó ser un todo un gentleman y del que guardamos gran recuerdo, un personaje emblemático. Pero no nos interesaban sus chaquetas de mil dólares o guantes de piel girada, ni siquiera poder ver a fondo ese comercio de lujo que habían montado. Impensable in Spain, isn’t it?. Queríamos ver dónde y cómo realizaban esas auténticas piezas de lujo sobre dos ruedas que el mundo entero admira, y coño, no éramos unos cualquiera yendo de la mano de quien fuimos, así que las puertas estaban abiertas. Josh llamó a uno de los propietarios, Cubby, explicándole que éramos poco menos que dos mucky-mucks de Barcelona y como no, nos dijo que fuéramos a visitarles a su centro de operaciones de Bolm Rd., justo en el centro del maravilloso y peligroso barrio de Johnston Terrace, sí, el que mejor no pasear por la noche si no quieres quedarte subido a un árbol. La puerta de entrada era la primera nave de unas siete de una calle sin salida, así que tras llamar a Cubby, éste nos abrió las puertas a su negocio que comprendía la primera nave, la segunda, tercera, cuarta……hasta la última, intercomunicadas. Pero….What the hell is this? Toda esa calle era Revival Cycles! Teníamos mucha curiosidad de ver cómo y de qué manera podían realizar motocicletas casi artesanales desde el primer tornillo hasta los radios, asientos, absolutamente todo de principio a fin excepto bloques antiguos de motor, bajo pedido, con presupuestos de salida mínimos de algunas decenas de miles de dólares hasta lo que el bolsillo de cualquier pudiente pudiera ofrecer para obtener todo el prestigio que atesoran sus creaciones de dos ruedas. Lo primero que te encuentras es una Streamliner del estilo Texas Cee-Gar con motor Triumph que a finales de los ’50 batirían récords de velocidad en el lago salado de Bonneville, y es que no olvidemos que “Everything is Bigger in Texas”. Las naves son a dos alturas, durante nuestra visita estaban construyendo la que actualmente es una de las creaciones mas increíbles de nuestros tiempos, en colaboración con BMW Motorrad, la “Birdcage”, una moto-prototipo creada en titanio e inspirada en los motores Boxer de los ’60 y que presentaron en el Handbuilt Motorcycle Show 2019 (que organizan los mismos Revival Cycles). Cada recinto se dedica a un departamento concreto hasta el final, donde estaba todo el merchandising de marca. Mecánica, electricidad, sala de diseño, sala de reuniones, lounge, construcción de piezas artesanales con tornos, prensas, hornos, sala de prensa (con equipo de fotografía y video de última generación incluidos), sala de fabricación de asientos y accesorios en piel, comedor…y mas de veinte personas trabajando en coordinación total, según nos comentaba Cubby. El sueño de cualquier customizador y amante de las dos ruedas. Con la mandíbula inferior en los tobillos y con varias camisetas obsequio de la casa, nos fuimos tras mas de dos horas de charla con la sensación de que nacimos en el lugar equivocado, llevándonos un grato recuerdo de todos ellos.

Teníamos otra cita, esta vez en el barrio de Govalle, de esas que te hacen especial ilusión. Si hay algo que valoro es el trabajo de garaje, transformadores de choppers y bobbers que se valen de su ingenio, muchas horas de trabajo, buen gusto y que dan nueva vida a viejos motores y chasis de Harley-Davidson como panheads, knuckles o shovels, motos de mecánica austera que ofrecen múltiples posibilidades de volver a rodar en una auténtica old-school chopper, uno de mis auténticos vicios. Matt Jackson, propietario de Jackson’s Choppers nos esperaba, habíamos contactado previamente con él y se mostró encantado de saludarnos y tomarnos unas cervezas juntos. Como no, es amigo íntimo de nuestra querida Ashley, centro de toda la movida en la zona. Una enorme bandera americana presidia una nave industrial con elevadores artesanales y la figura de Matt junto a varios amigos ultimando el panhead rígido que presentarían en unos días en el Southern
Throwdown de Dallas, donde nos reencontraríamos. Matt Jackson es un tipo corpulento, de esos a los que no te gustaría contradecirle, vicepresidente de Bandidos M.C. South Austin y un símil tejano a lo que fue Tom Fugle, un artesano de la vieja escuela chopper. Imagen aparte, Matt es extremadamente amable y reservado. Nos sentimos como en casa a excepción de que allí estabamos rodeados de viejas harleys que todos soñamos con tener y que él te presentaba con sencillez, como si eso fuera de lo mas normal, mientras tu cabeza no deja de pensar en que poseer una sola de esas viejas y míticas motos en nuestro país es de ser un auténtico privilegiado. Hicimos varias fotos para el recuerdo, compartimos cervezas sacadas de una nevera made in America y nos despedimos hasta dentro de unos días. Trabajar en lo que te apasiona, como hace Matt, es realmente impagable y personalmente siento una admiración absoluta por la lucha de algunas personas en lograrlo.
Uno de los objetivos, aunque no prioritarios ya que éramos mas que realistas de lo harto complicado que podía ser, era saludar a Jesse James, que para quien aún no le conozca, fue quizá quien dio mas fama mundial al mundo custom con sus reality-shows Motorcycle Mania y Monster Garage para Discovery Channel TV. Dueño de West Coast Choppers en su antigua ubicación de Long Beach (California) y ex marido de la actriz porno Janine Lindemulder, de la estrella de Hollywood Sandra Bullock (una relación que dio de comer a mucha prensa rosa) y ex pareja de la afamada tatuadora y celebrity Kat Von D. El señor James es un visionario, al igual que lo fueron los ya fallecidos Arlen Ness e Indian Larry y quienes lo infravaloran por su fama de estrella televisiva y toda la basura sinsentido que se ha volcado en su cabeza es que nunca ha indagado en su trabajo, porque hay pocos currantes como él a pesar de poder vivir de las rentas el resto de su vida. Tras ser perseguido por la prensa en Los Angeles se trasladó a vivir a las afueras de Austin (en Driftwood) llevándose su marca WCC y asociándose con Mike Rocco en el legendario Austin Speed Shop. Lo que no sabíamos es que Jesse dejó su espacio en A.S.S. para dedicar parte de su tiempo a su otra faceta fuera de la construcción y modificación de vehículos creando Jesse James Firearms Unlimited siendo Texas ideal para esto. A pesar de ello, seguíamos queriendo ver Austin Speed Shop para deleitarnos con algunos de esos coches clásicos modificados de valor incalculable; en fin, una manera como otra de poder morirnos en paz. Ashley, como no, también es amiga de Mike Rocco, gerente de A.S.S, y contactó con él para dar vía libre a nuestra visita y poder saludarle, pero Rocco estaba de viaje en ese momento y había cerrado unos días el negocio. Aún así, fuimos y pudimos hacer fotos del exterior, que viendo lo que vimos no queríamos imaginarnos lo que estaba encerrado entre esas cuatro paredes. Evidentemente no íbamos a molestar como auténticas groupies a Jesse James en su mansión tejana a costa de un agujero de 9mm en nuestros culos, pero tampoco me importó personalmente, conocí a Jesse en Italia mientras él estaba con mi venerado mentor Antonio Blanco, quien nos presentó, así que no estaba dentro de la lista de remains to be done.

Cada día en Austin fue glorioso. Pasear por cualquiera de los puentes que cruza el gigante río Colorado (el Tejano) de zona sur a norte o viceversa de la ciudad era de foto, así que por Lamar Blvd. dirigiéndote al barrio de Brentwood fuimos a comer premeditadamente a Threadgill’s. Su piano ha sido tocado por Jerry Lee Lewis, Ray Charles, Leon Russell y Captain Beefheart, pero si había una cosa por la que realmente valía la pena pisar Threadgill’s y comer su típica comida americana southern-style era porque, en este viejo bar-restaurante, Janis Joplin empezó su carrera cantando todos los miércoles junto a la banda local Waller Creek Boys mientras estudiaba Bellas Artes en la Universidad de Texas (Austin), antes de trasladarse a San Francisco. Decenas de fotos de ella cuelgan de sus paredes junto al ya fallecido dueño Kenneth Threadgill (mentor de Joplin y famoso cantante de country-folk). Los jodidos americanos saben venderse y tienen una colección de merchandising que echa para atrás, además de saber teletransportarte a los ’60. No recuerdo que comimos aquel día, estaba todo tapado con salsas de todo tipo, algo liviano en esas tierras, pero es bonito estar dentro de un lugar mítico donde los veteranos clientes podrían contarnos cientos de historias.
Volvimos a South Congress Avenue, había demasiados caramelos para nosotros en esa zona y aún no hemos madurado lo suficiente. En una de sus esquinas está Heritage Boot Company y sólo por entrar a ver la colección de sus botas hechas a mano e intentar explicar a su dueño que Barcelona estaba en Europa valió la pena, así como Allens Boots, un poco mas al sur por la misma acera y donde tenían a Waylon Jennings entre uno de sus famosos clientes. Muy cerca de allí se puede ver el icónico letrero del Austin Motel, visto en cientos de películas y famoso por acoger entre sus cuarenta y una habitaciones a estrellas de la música que tocarían en el no menos legendario The Continental Club, justo enfrente. En ese pequeño club han actuado Robert Plant, Link Wray, Social Distortion, Buck Owens….y todo lo que puedas imaginar desde que en 1955 abriera sus puertas. Aquella noche tocaban Reverend Horton Heat pero teníamos otros planes nocturnos. The Continental Club es un emblema para el rock’n’roll, uno mas de la ciudad. En otra de las esquinas de la gigantesca S.Congress Av. se encuentra otro de los símbolos de Austin, el mural dedicado a Willie Nelson con la frase “Willie For President”. Impoluto y cuidado, nos preguntamos que pasaría si algo así estuviera en una de las principales calles de nuestro país. Ah sí, estaría meado, grafiteado y probablemente el tonto del barrio estaría picando en la piedra para llevarse un trozo y utilizarlo de cascanueces. Estados Unidos tiene muchos defectos, algunos dignos de épocas retrógradas e inconcebibles en los tiempos que corren, pero también muchas virtudes que logran poner una fina capa aceite sobre el agua. Su sentido de país y el orgullo de éstos es acojonantemente brutal y merece toda mi admiración. Allí, y para finalizar porque por nuestro bien económico debíamos salir de esa avenida, no olvidaré un comercio llamado Mi Casa Gallery, y hablo en singular como amante de la simbología religiosa y la decoración. Esa enorme tienda tiene auténticas joyas religiosas únicas, retablos, ménsulas, lienzos de vírgenes y santos de la america latina, cruces talladas, carteles antiguos, además de obras artesanales típicamente americanas. Ahí compré rosarios, cruces de pared, un mantel bordado y un enorme cartel luminoso y auténtico de los 60’s con la palabra Austin que no puedo ni quiero decir lo que me costó, tema aparte de empaquetarlo y enviarlo a casa vía DHL, aranceles incluidos. Eso me lo llevo a la tumba, no solo el importe, es que no quedaría nada mal el rótulo en mi futuro monumentum funerarium, solo espero que haya un enchufe para que se vaya encendiendo aleatoriamente.
Antes de nuestra noche de fiesta por la musical 6th Street y sus alrededores, nos pasamos por el downtown para ir a cenar al bar-restaurante mas gamberro de la zona, el Texas Chili Parlor. El Chili Parlor es uno de los bares favoritos de Quentin Tarantino, en su interior grabó escenas de Death Proof, quizá algunas de las mas recordadas, cuando Stuntman Mike (Kurt Rusell) es invitado a una piña colada mientras Tarantino está caracterizado como el camarero Warren y donde mas tarde, la sensual Arlene le dedica ese baile que todos hemos soñado que nos brinden mientras tenemos nuestro culo atrapado en una silla de madera. El Texas Chili Parlor es tal cual, pura America. Ya lo cantaba Guy Clark en su tema “Dublin Blues” donde decía “Bueno, ojalá estuviera en Austin, en el Chili Parlor bebiendo Mad Dog Margaritas, pero ahora estoy en Dublin enrollando cigarrillos”. La comida es fabulosa teniendo en cuenta la dieta americana y su cerveza Austin Amber a la altura de Lone Star. Sorprende la cantidad de ejecutivos con sombrero de cowboy que paran por allí a echar la última pinta antes de ir a casa, y es que tiene justo detrás el Capitolio y delante la Fiscalía General de Texas. Un oasis western entre tanto cemento del núcleo financiero de la ciudad.
La Sixth Street y sus calles adyacentes son el centro nocturno, repleto de locales musicales y salas de conciertos en las que la música en directo se lleva en la sangre, por eso de Austin se dice es la capital mundial de la música, y razón no le falta. Una de esas noches por la zona estábamos bebiendo unas cervezas escuchando un trío de folk en vivo, no recuerdo el nombre del local, y nos pasó otra de esas anécdotas que no olvidas. Pensábamos dónde ir después, nuestro destino iba a ser el legendario Antone’s, del que hablaré después, pero una camarera nos dijo que era demasiado temprano para pasarse por ese club y que lo mejor era ir a Stubb’s BBQ porque en media hora tocaba Slash: “What? Are you kidding us?». Stubb’s era otro punto marcado, pero nuestra intención inicial era ir a comer un día para probar sus famosas salsas y, con suerte, ver algún concierto interesante….pero, ¿Slash? Dispuestos a pedir un Uber para ni despedirnos de la informada camarera resulta que Stubb’s estaba…..¡justo al girar la esquina! Amo Austin joder, y no dudo que viviría allí el resto de mi vida. Lo de Stubb’s BBQ es de otro mundo, no es un restaurante-sala de conciertos al uso. Ocupa una manzana completa y su escenario está en un patio interior, al aire libre, con decenas de caravanas airstream entre árboles despachando todo tipo de comida y bebidas, vamos, un enorme parque preparado para la música en vivo con un escenario fijo. Los cacheos que nos brindaron los de seguridad en la entrada fueron cojonudos, no se si creían que teníamos un AK47 introducido en el recto, pero nuestra intención no era liquidar a Slash y a su banda en solitario con un fusil, maldita sea, no lo haríamos ni con Morrissey, eso dice mucho de nuestra benevolencia. Una vez dentro vimos un submundo de metalheads, rockeros, familias, descarriados, rednecks y bikers conviviendo respetuosamente a la espera que empiece el show, y lo mas inverosímil para los que estamos acostumbrados a nuestras ciudades europeas tan cosmopolitas y virtuales, sin imbéciles con el móvil alzado para enseñar a su burbuja social que han salido de casa, como los bebés canguro.
Slash iba con su banda habitual estos últimos años, Brent Fitz (ex miembro de los desaparecidos Union de John Corabi y Bruce Kulick), Todd Kerns (un tipo gigante que tiene una voz para los coros que sorprendió a Dios y a su madre) y como no, Myles Kennedy, uno de mis vocalistas preferidos y miembro de Alter Bridge, que a pesar de todo, nunca he acabado de ver junto a Slash. En su día, el del sombrero de copa dejó escapar a Eric Dover de sus antiguos Snakepit y aquel tipo sí era toda una bestia perfecta dentro del engranaje musical tan groove y canalla del guitarrista de Guns N’ Roses, y si no, escuchad el tema “Beggars & Hangers-On” de Slash’s Snakepit (1995). La noche: La soñada. Tuvimos la sensación de estar en una enorme barbacoa entre familia viendo a toda una estrella del rock’n’roll en el lugar y momento adecuado.
Cuando salimos, ahora sí, era la hora perfecta para bajar a un par de manzanas del Stubb’s e ir al legendario Antone’s Nightclub, auto declarado “The Home Of The Blues”. Explicar quienes han hecho de este club algo mítico no es complicado, empiezo por los que fueron habituales en su escenario: B.B.King, Muddy Waters, Ray Charles, James Brown, Stevie Ray Vaughn, Doug Sahm…vamos, algo liviano para los amantes del soul, R&B, funk y blues. Al llegar, vimos que al día siguiente tocaba Nick Lowe & Straitjackets junto a Jimmie Vaughan, hermano mayor de Stevie Ray y quien realmente le enseñó a tocar la guitarra. Ok, espera, maldita sea, había que tomar una decisión ante tan rauda contingencia (N.d.R.: Frase erudita que podría vulgarizarse. Imaginad que estáis preparados para orinar porque no podéis mas, mente en blanco, placer a la vista, soledad y de pronto os abren la puerta. La contingencia en este caso es que, no es necesario golpearle la cara con la puerta, pero es posible que suceda), así que decidimos que era inapropiado entrar en Antone’s viendo el cartel del día siguiente. Entramos al local adyacente que comunica por su interior a un espacio llamado Big Henry’s, que no es otra cosa que todo lo que puedas imaginar relacionado con Antone’s Nightclub. Posters de artistas que han pasado por el club, púas, vinilos clásicos en directo en Antone’s, merchandising, cuadros, recuerdos antiguos….así que de Big Henry’s nos llevamos, previo pago, lo indecible en varias bolsas. Volveríamos al día siguiente a ver a Jimmie Vaughn y Nick Lowe terminando la noche en otro antro rockero imprescindible de la capital de Texas, el Dirty Dog, del que dicen es: “A breath of fresh air in the utter weirdness of all the hipsters in the area”. Me encanta la definición.
Nos despedimos de la casa de Leatherface, de la encantadora Ashley, Austin y sus escondrijos, prometiendo volver pronto y nos dirigimos al norte por la Interstate 35 camino a Dallas pero con una parada en mente, justo a medio camino, Waco. El motivo de parar en esa ciudad tejana es, simplemente, porque somos unos cafres que nos encanta conocer las historias detrás de las mentes perturbadas que la sociedad esconde. Waco, desgraciadamente, es conocida sobre todo por la rama sectaria de la Iglesia Cristiana Adventista del Séptimo Día: Los Davidianos y el famoso asedio a Mount Carmel de 1993. Durante casi dos meses, la secta liderada por el ultra religioso David Koresh, acusados de recopilar armas ilegales y abusar sexual y emocionalmente de la comunidad Davidiana con el hipotético fin del mundo como pretexto, fueron acorralados primero por la ATF y después por el FBI hasta que entre disparos mutuos y un incendio intencionado de los mismos Davidianos como suicidio colectivo (versión «oficial»), hizo que casi cien personas murieran entre agentes de ambos cuerpos y los propios Davidianos. La historia tiene guasa por la desastrosa y manipulada actuación de la ATF (Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos) pensando que el pastorcillo Koresh (que hablaba con Dios todos los días) y sus creyentes, eran los abuelos de Heidi y las madres de Bambi. Los documentales sobre el asedio a los Davidianos dejan a líderes sectarios como Bhagwan y su impronunciable comunidad, tan en boga hoy en día, a la altura de Pixie y Dixie. No queda nada del rancho en Mount Carmel, únicamente un cartel de propiedad privada, otro de ojo con el chucho y un muro en memoria de los fallecidos con sus nombres (entre los que destaca el del Koresh y al que no pudimos acceder), pero estuvo bien estar ahí, al final, forma parte de la historia negra americana.
Pero Waco no sólo se le recordará por eso. Pasamos por delante del Twin Peaks Restaurant, ya que estaba justo en una de las salidas de la I-35, para ver por curiosidad otra ubicación morbosa de la historia criminal y actual de los Estados Unidos. En el 2015, entre el aparcamiento y el interior de ese restaurante, se produjo una de las peleas mas trágicas entre motoclubs rivales de la historia. No me voy a poner a explicar la singularidad de los MC’s a nivel internacional y la simbología y colores designados entre sus parches traseros, pero digamos que la zona de Texas está dominada por Bandidos MC, que se formaron en el ’66, y el resto de motoclubs rivales deben pedirles permiso para utilizar el nombre del Estado en su parche inferior o informarles de cualquier actividad dentro de su zona, siendo ellos la vara de mando por estatus y poderío. Esto pasa por ejemplo con los Hells Angels en el norte de California, Mongols MC en el sur del mismo Estado u Outlaws MC en el nordeste americano. El 17 de Mayo de aquel año, los Bandidos MC se enteraron que un motoclub contrario a sus normas y estatutos, los Cossacks MC, con los que habían mantenido disputas previas por haber puesto, estos últimos, el parche inferior de Texas en sus chalecos y acortar el plazo habitual de los *prospects para formar parte del motoclub, aumentando así deliberadamente su número de miembros e intentar hacer un pulso dentro del reino Bandido, habían convocado una reunión en el Twin Peaks Restaurant de Waco. El resultado fue una demostración de fuerza de Bandidos MC que se saldó con nueve muertos por tiroteo, veinte heridos entre armas blancas y balazos y ciento setenta y siete detenidos. A día de hoy, aún circulan videos de las cámaras de seguridad del restaurante con los momentos mas trágicos que se recuerdan entre bandas moteras americanas desde la multitudinaria pelea entre Hells Angels y Mongols en el casino Harrahs de Nevada. El lugar no tiene nada en particular y las camareras no son como las de Hooters, pero estuvimos ahí para recordarnos de las miserias humanas. Demos gracias que esto no es lo habitual entre motoclubs, de los que, independientemente si me gustan o no sus normas y reglamentos, conozco y tengo buenos amigos entre ellos, but, in the States…they don’t call 911.
*N.d.R.: Prospect es la segunda escala de entrada obligada en un motoclub, la primera es Hangaround (aspirante a Prospect), y durante un tiempo, que puede variar entre uno y dos años, son puestos a pruebas de fidelidad en su manifiesta intención de entrar como miembro de pleno derecho a dicho MC.
En Dallas, por la poca oferta de casas particulares nos fuimos unos días de típico alojamiento motelero, en este caso a uno de la cadena Motel 6, al otro lado del barrio de Love Field. El suburbio donde estaba situado el motelito estaba alejado de lo que llamaríamos un barrio tradicional y familiar, pero el antro tuvo su gracia, porque mas bien era la morada de los clientes habituales del mejor Strip Club de Dallas, que lo teníamos justo enfrente, el Z.R. Cabaret. Su eslogan lo decía todo: “Enjoy world class adult entertainment with the most beautiful and fun girls in America!”. Lo cómico era echar un cigarrito pa los dientes y un poco de humo pal pulmón en la puerta de nuestras habitaciones a las 3am, hora punta y todo un espectáculo y, aunque tuvimos la tentación de ir a comprobar (cuál crítico de medios de comunicación) si el nivel era el anunciado, la fauna en el exterior no alentaba lo suficiente.
Ya lo insinué previamente, pero entraré en detalle sobre la sensación de peligro en muchas zonas de Dallas, una de ellas Northwest, justo donde nos ubicamos (we are Motörhead and play rock’n’roll) y South Dallas, aunque en general, es una ciudad que hay que estar muy atentos a todo, simplemente fue una sensación, no éramos los típicos japoneses ingenuos de piel blanca y sí dos tipos de no muy buena pinta, pero fue una opinión mutua y constante. El primer encontronazo de ese tipo fue justo en la gasolinera que había cerca del maravilloso resort de vacaciones que nos habíamos agenciado. Ya nos extrañó que el dependiente estaba literalmente encerrado entre vidrio como en las administraciones de lotería, pero luego entendimos el por qué. Al anochecer, en los terrenos colindantes, se concentran pandilleros de raza negra, sí, de esos que aún nos preguntamos cómo no se les caen los pantalones y llevan las gorras de plato marcando las 3 de la tarde. Uno de ellos se nos acercó mientras comprábamos víveres nada mas llegar, cansados del viaje, y preguntó a mi amigo por qué se había tatuado todo el cuerpo de negro sólido, y él, no entendiendo el slang gangsta, ni puto caso le hizo (y a mi me dio por reír), algo que no le sentó nada bien al tirillas afro ni a sus colegas que estaban detrás, así que la solución en un momento de lucidez verborreica, fue explicarles que es un estilo radical del norte de Europa (¿?) y que él no pretendía cambiar de raza. Pagar y salir silbando como Benito y Cía ante la cara de confundido del pandillero gorra-plato fue todo uno. Al final, como en todo, lo mejor es dar sensación de tranquilidad y seguridad, si te ven temblar las canillas aquel anochecer nos vamos sin ropa o con algo metálico dentro del cuerpo y no era nuestra intención.
Varios eran los motivos de hacer una parada de varios días en la ciudad de los cowboys, aunque si de vaqueros hablamos, la palma se la lleva Forth Worth, la cual visitaríamos días después y que a finales del siglo XIX se convirtió en un importante centro de comercio western en la parte final del sendero Chisholm Trail. Uno de ellos era asistir al Southern Throwdown, que se celebra cada año en el barrio artístico de Deep Ellum, y el otro motivo era el Goodguys Summit Racing Lone Star Nationals, en el gigantesco Texas Motor Speedway, probablemente la concentración mas grande de coches clásicos americanos, muscle cars, pick-ups y hot-rods del mundo. Ambos eran parte importante en nuestra organización de fechas, no nos lo podíamos perder. Durante el primer día escuchamos nuestro interior mas criminológico y fuimos con un Uber desquebrajado (nuestro Chevy Impala moderno no se movía en trayectos cortos) a la Plaza Dealey, o lo que es lo mismo, la famosa plaza que cruza Elm Street donde en 1963 el Presidente John F. Kennedy recibió dos balazos en la cabeza. He de reconocer que uno de los temas que mas me apasionan son las conspiraciones mafiosas, y que duda cabe que al pobre Lee Harvey Oswald, que es su época en la Marina tenía fama de ser un pésimo tirador además de ser mas tonto que un zapato, le tocó el premio gordo, un patsy (presa fácil) que llaman allí. En los puntos donde recibió el primer y el segundo disparo están señalados en el asfalto con una X, mas morboso no podría ser, y el actual edificio administrativo del Condado de Dallas, que en aquella época era el Texas School Book Depository, tiene en su sexto piso, desde donde la Comisión Warren dijo que habían salido los disparos, una exposición sobre los hechos, previo pago, claro. Además, justo en la esquina contraria hay una tienda enorme únicamente dedicada a la figura de JKF. Me rio yo de los talentos de marketing de nuestro país. God bless America, land that I love.
Por cierto, muy cerca está Wild Bill’s Western Store, el nirvana de cualquier cowboy. Esa misma tarde nos acercamos también a The Flag Store en Uptown, una tienda dedicada exclusivamente a la fabricación y venta de banderas, para comprar una bandera americana de algodón, bordada y con flecos de rayón dorados, además de una Betsy Ross, la antigua bandera de trece estrellas en forma circular. Parece una gilipollez y era un capricho mío como buen weirdo, pero las que se suelen encontrar habitualmente son de nylon o polyester y sin flecos, mucho mas baratas y de mala calidad. Soy de gusto fino hasta para eso.
El último viernes de Septiembre era el día elegido para ir al Texas Motor Speedway, uno de los circuitos mas impresionantes que uno puede ver, con dos kilómetros y medio de perímetro oval y un espacio interior titánico, con capacidad para ciento noventa mil espectadores sentados, la pantalla LED-HD mas grande del mundo y récord Guinness por sus sesenta metros de largo. Tiene además una zona central, bueno, como diría, en la que se podría construir una ciudad. En él se realizan carreras oficiales de la Nascar e IndyCar Racing y cada último fin de semana de Septiembre la Goodguys Summit Racing Lone Star Nationals, con mas de tres mil custom cars clásicos, piezas de repuesto, compra-venta de vehículos, carreras y exhibiciones, lo que llamaríamos básicamente el puto paraíso. Cuando entras al recinto, lo primero que se te viene a la cabeza es que, lo que dure ese día, es relativamente poco para ver todo lo que tienes ante tus ojos. Roadsters, Buicks, Corvettes, GTO’s, Chargers, AMC Javelins, incluso pude ver mi coche favorito y con los frontales mas bonitos de todos los tiempos, las triples series de Plymouth- Chrysler (RoadRunner, Satellite y GTX del ’71) siendo todos, excepto cambios de motorización y pequeños detalles, las mismas cajas exteriores y modelo base. Allí se mama el business. Absolutamente todas las marcas de american classic parts a nivel mundial estaban allí, desde Wilwood a Edelbrock; tantas, que bromeábamos con que podías ir comprando piezas hasta montar tu propio coche a la salida, pintado y con una Playmate con bandana en su interior. Hot Wheels tenía un enorme stand donde estaba, entre otros, el famoso The Twiin Mill, el primer Hot Wheels a tamaño real, el futurista The Deora II o el hot-rod Bone Shaker. También el desaparecido George Barris de Barris Kustom L.A., famoso por haber creado, por ejemplo, el Batmobile de la serie original y KITT de Knight Rider (El Coche Fantástico), estaban presentes a través de su familia y empleados actuales del negocio.
Alrededor del mediodía, una chica subida a un escenario que ni veíamos, empezó a corear el himno americano, y las miles de personas allí presentes pararon completamente para poner su mano en el pecho hasta la última nota. Nos pilló con unas patatas fritas goteado mayonesa en una mano y una cerveza en la otra, pero como “donde fueres haz lo que vieres”, allí estábamos nosotros con mas pelotas que Chuck Norris, semblante serio y nuestra mano sobre el corazón balbuceando el himno: “Ohhh say, can you seeeeeee.” De foto. Día inolvidable y corto, no sé cuántas veces no soñé en ser millonario y arrasar en un evento sencillamente bestial.
Al día siguiente teníamos otro punto marcado en nuestra agenda. A unos dos kilómetros, si llegaba, de nuestro paradisiaco Motel-Strip, estaba la sede del reality-show televisivo Gas Monkey de Richard Rawlings, también en el barrio de Northwest, Dallas. No es que la palmáramos por no visitarlo, pero era una pena estar a tres calles y no ir a ver el negocio que tiene montado el tipo. Dentro de un polígono industrial, con caminos de tierra (que eso no sale en Fast N’ Loud), están tres naves en forma de U donde lo primero que te encuentras es una megastore del reality (regla #1) y a su derecha, la famosa puerta corredera donde graban la mayoría de sus burnouts y las oficinas de la empresa. Qué decir que la actividad en el taller era nula, y es que se dice, se comenta y se rumorea, que muchos de los mecánicos y empleados del dandy Rawlings son parte del atrezo del show. Es un programa divertido, pero no excesivamente realista, incluso he de decir que Aaron Kaufman me repateaba, soñaba con carbonizar su barba con un lanzallamas. Diez minutos, algunas fotos de recuerdo y adiós. Personalmente hubiera preferido conocer a la tapizadora taiwanesa Sue Martin, esa sí que vale ella sola un reality-show. Ese mismo día nuestro Impala nos llevaría a Arlington primero y a Fort Worth después, y ambos destinos sí eran palabras mayores. Arlington como ciudad no nos interesaba, pero sí su Moore Memorial Gardens Cemetery. Y es que no podíamos pasar por Texas y no visitar la tumba de Dimebag Darrell y Vinnie Paul, los hermanos Abbott. Ellos formaron en 1981 a una de las bandas de heavy metal mas icónicas e influyentes de la historia del rock’n’roll: Pantera, de los que debo decir, me han acompañado gran parte de los últimos latigazos de mi adolescencia desde que sugerí a mi madre que, como regalo de cumpleaños, quería su VHS “Vulgar Video” que acababa de publicarse (1993). La trágica muerte de Dimebag por un psycho-fan mientras tocaba en Columbus, Ohio, fue un shock mediático para seguidores, artistas e industria musical en general, no sólo por el cómo fue, sino porque Dimebag era y es considerado como uno de los mejores guitarristas de la historia del heavy metal, con un sonido y riffs inconfundibles que crearon escuela. Anyway. Lo particular de los enormes cementerios americanos es que, si no ves de vez en cuando un mausoleo, tienes la sensación de ir paseando por un bonito parque, acicalado, con césped en la mayoría de casos y suficiente espacio entre los difuntos. Incluso puedes entrar directamente con tu vehículo ya que tienen sus propias calles señalizadas. Cuando llegamos al Moore Memorial prácticamente no había nadie y un amable trabajador nos indicó dónde yacía el espacio para la familia Abbott. Nuestra visita fue escasos tres meses después del fallecimiento, también, de su hermano y co-líder de Pantera, el batería Vinnie Paul Abbott. Al llegar al lugar Vinnie Paul estaba enterrado a escasos centímetros de Dimebag y de la madre de ambos, Carolyn, pero aún no habían esculpido su lápida, únicamente una cinta roja con su nombre yacía encima de la tierra. Ahí estábamos, delante de dos ídolos, Dimebag con su lápida repleta de cervezas y púas de los fans, algo que seguramente le encantaría ver. Sinceramente, se me puso la piel de gallina, sobre todo al leer su inscripción tallada en el mármol con su imagen y la de su famosa Washburn en cobre que dice: “He came to Rock…and rocked like no other with the heart twice the size of Texas. Our beloved, brother, companion, mentor, idol and friend…We love you Dime…Until we meet again”. Amén.
PANTERA – Cemetery Gates – “Cowboys From Hell” (1990)
Pantera renegó siempre de su pasado, muchos de los que no han profundizado en su discografía desconocen sus álbumes previos, y es que la propia banda reconoció sentir vergüenza de aquella imagen glammy de sus comienzos. Actualmente son fetiches para sus fans mas acérrimos, pero he de reconocer que el primer trabajo con Phil Anselmo como nuevo vocalista, “Power Metal” de 1988, me parece entrañable, con ese sonido Judas Priest, el thrash de los primeros Metallica y hard-rock ochentero, pelo carpado incluido. Mi ansia en aquella época por intoxicarme de todo lo que oliera a rock’n’roll hizo que descubriera “Cemetery Gates” que, pese a que no la considero la mejor técnicamente de la carrera de los hermanos Abbott y ni siquiera es una de las mas reconocidas, su mezcla de emoción y poder, la guitarra punzante de Dimebag, sus riffs, que parecen endemoniados, mezclándose con momentos sublimes de emoción y tristeza, hizo que esa canción se me clavara en ese rincón que todos tenemos de Sacrosantos. Siempre la comparé a “Fade To Black” de Metallica. Es curioso el título de la canción y la referencia que hace la letra a la desolación por la muerte de un ser querido, teniendo en cuenta donde se encuentran a día de hoy Dimebag Darrell y Vinnie Paul. Quizá narraban algo doloroso y lleno de tristeza, quizá una confesión firmada y sellada que finalmente llegaría a su destino.
 
Tras salir de Arlington nos dirigimos a Fort Worth, a pocos kilómetros teniendo en cuenta que allí todo está lejos, así que decir “vamos al pueblo de al lado” es llenar el depósito y hacerse un par de bocadillos. En Fort Worth se realizaba una pre-party del Southern Throwdown que se celebraría al día siguiente en Dallas y estaba organizada por Kenny Kirk, propietario de Chopper Supply Co, una preciosa tienda totalmente de madera de venta de merchandising y distribución de productos relacionados con el mundo biker, además de ser una de las cabezas visibles del Southern Throwdown como organizador. Fort Worth sí es la ciudad de los buckaroos, el viejo oeste de las películas donde no parece haber pasado el tiempo, especialmente en la zona Stockyards, al norte del Downtown, declarado National Historic District por el Gobierno Federal. En el sus calles, sus comercios, sus famosos Rodeos y lo impactante de ver familias enteras con su sombrero cowboy, sus corbatas de bolo, impolutas botas, bandanas, hebillas doradas….dirigirse a bailar o simplemente dar un paseo, es transportarte a finales del siglo XIX. En Fort Worth vivía habitualmente el forajido Butch Cassidy (18661908) mientras no robaba trenes ni bancos, así como su socio Sundance Kid y la banda de los Fort Worth Five en una época llena de tiroteos, juegos, prostitución, alcohol y asesinatos, lo que se le conoció como Wild West o Hell’s Half Acre. En la mítica película “Dos Hombres y Un Destino” de Robert Redford y Paul Newman que se titula originalmente “Butch Cassidy and the Sundance Kid”, Newman era Butch Cassidy y Redford representaba a Sundance Kid, pero claro, en España éramos geniales poniendo títulos aleatorios a las novedades cinematográficas. Dentro de sus límites, hay muchas historias que contar y leyendas de espíritus que todavía deambulan. Quisimos entrar en el Rodeo Stockyards, pero no íbamos a perdernos la fiesta que preparaba Kenny Kirk, así que tras visitar muchas de las tiendas que parecen ancladas en el pasado, cenar en el Riscky’s Steakhouse y tomarnos una cerveza en Thirsty Armadillo, donde su enorme parquing estaba repleto de Harleys esperando la apertura de la pre-party, nos dirigimos andando a Chopper Supply Co. Cerveza gratis, merchandising y un Kenny que, a pesar de no conocernos de nada, se sorprendió mucho de nuestra procedencia y nos estimuló a sentirnos como en casa, presentándonos a su mujer y metiéndonos en el grupo cada vez mas grande de bikers que llegaban, donde el mas tonto venía con un Ironhead como si de un patinete se tratara. Ese momento de envidia inevitable. Nos llevamos varias camisetas y varios números antiguos de Show-Class Magazine, una de las mejores revistas de old-school choppers que se han publicado jamás, ya extinta.

Para completar un sábado movidito, teníamos una cita nocturna en el Granada Theater de Dallas, en Lower Greenville, al norte de la ciudad, donde el único miembro vivo de los míticos MC5, Wayne Kramer, tocaría íntegro el inmenso “Kick Out The Jams” con una formación de lujo: Marcus Durant a la voz (Zen Guerrilla), Brendan Canty a la batería (Fugazi) y dos ídolos, Billy Gould al bajo (Faith No More) y Kim Thayil a la guitarra (Soundgarden). Además, The Detroit Cobras iban a ser los teloneros, asi que no podíamos pedir mas. Lo cojonudo de algunas zonas de los States es que pillas los tickets, entras, pides unas cervezas, te las dan en botellín de cristal y automáticamente te dejan entrar a la sala o salir a la calle a beber. No worries dude, enjoy.
El Teatro Granada es, sin tener que pensar mucho, uno de los lugares mas bonitos que he estado para asistir a un concierto, recibiendo en varias ocasiones el premio como Best Music Live Venue y como podéis imaginar, entre sus paredes ha actuado lo mejor de lo mejor. Su fachada típicamente americana con letreros manuales de las actuaciones (ya sabéis, los que a través de unas guías vas cambiando diariamente las letras) no tiene desperdicio, así como los grabados artísticos en sus paredes interiores y uno especialmente increíble en el techo.
No había visto hasta ese día a la veterana banda de garage-rock The Detroit Cobras y personalmente me apetecía mucho, pero fue uno de los shows mas desastrosos que recuerdo, tanto que hasta resultó entrañable al final. Su vocalista Rachel Nagy llevaba tal colocón encima que se veía venir el desastre desde el primer minuto, y al tercer o cuarto tema se desplomó tras varios amagos previos, lo que hizo que intentara seguir su actuación desde el suelo ante el asombro de sus compañeros y las risas de los asistentes. Unas birras y a olvidar. Otro cantar sería el supergrupo de Wayne Kramer, del que destaco la presencia escénica del grandullón Marcus Durant y una versión final del tema “I Can Only Give You Everything” de Them (la primera banda de Van Morrison) que fue la traca final a un concierto de nostalgia, sí, pero capaces de patear culos a cualquiera de esas bandas sobrevaloradas de la historia del rock de las que me niego a dar ningún nombre (Nickelb…,mierda, lo siento). Me pillé dos posters conmemorativos del show y a hacer bondad, al día siguiente íbamos al Shouthern Throwdown Festival.
Nos levantamos temprano para ver el amanecer de nuestro maravilloso resort el domingo por la mañana, poco después de que el Strip-Club de enfrente cerrara sus puertas, así que podéis imaginar el revoloteo de borrachos que quedaban de su glorioso sábado noche. Que mejores risas que esas. Desayunamos en un guarro Whataburguer 24h que teníamos cerca y con calma nos dirigimos al barrio alternativo de Deep Ellum para visitarlo, hacernos un vermouth tejano y después ir directamente al Southern Throwdown. Deep Ellum es un conjunto de calles repletas de galerías de arte, murales en sus paredes y bares nocturnos, pero también es la sede de The Bomb Factory, una antigua fábrica con mucha historia. Henry Ford la compró en 1914 como una de las primeras plantas de ensamblaje de Ford, pero en la WWII el gobierno americano obligó a Ford a cesar la producción de sus automóviles para dedicarse a la fabricación de bombas y munición para las tropas que iban a combatir contra la Alemania Nazi, de ahí su nombre, así que simplemente estar allí, fue estar bajo el techo de parte de la historia americana y mundial. No puedo olvidarme de un local en la esquina contraria del Bomb Factory llamado Mama Tried Honky Tonk, un local de música country & dancehall con un espectacular mural con el escrito “Don’t mess with Texas” sobre la bandera Lone Star. ¿Adorables, no?
La crème de la crème estaba presente en el Southern Throwdown Vintage Motorcycle & Van Show, un evento gratuito absolutamente maravilloso y con una organización perfecta a prueba de bombas (venga, un chiste fácil me ha salido). Lucky 7 Cycles, Cheap Thrills, Just Kickers, Chopper Supply Co., Jim’s Choppers, Chemical Candy Customs, Brown’s Cycle, Tim O’Keefe de Stag Magazine, Show-Class, Chop Cult, Jackson’s Choppers, Chopper Daves, Max Schaaf de 4Q Conditioning, Denver Dan de Speed Merchant, J&P Cycles, Cycle Source, Rollin’ Heavy Magazine…entre otros estaban presentes, lo que fue un auténtico lujazo. Conocer gente que admiras, en la que te inspiras y sentir que formas parte de una gran familia es lo mejor de nuestra afición a las choppers Harley, Indian y Triumph de la vieja escuela, ya que estábamos en la médula del movimiento que empezó tras la Segunda Guerra Mundial, algo decolorada actualmente por el poderío económico de los japoneses, que están importando miles de antiguas Harleys a su país.
Canton Street estaba cerrada y abarrotada de choppers, bobbers y baggers de todos los rincones, miles de personas en la calle para disfrutar también de la Extreme Motorcycle Jump y de los stands de la 805 Beer que ofrecían como agua bajo el lema “And as always… Party First, Safety Maybe.” Al entrar al recinto nos encontramos el Panhead de Tim O’Keefe, lo que supone un guantazo literal a mis pretensiones: No llorar de emoción. Tim es un publicista y fotógrafo reconocido, editor además de The Stag Magazine y distinguido no sólo por poseer una de las choppers mas bonitas de los últimos años, también por sus fotos llenas de erotismo vintage casi siempre vinculadas al lifestyle americano y al mundo biker. Su magazine, sin distribución en nuestro país, es el Interviú de las choppers, sección erótica incluida, así que no dudé en llevarme todos los ejemplares además de una foto que Tim hizo a Tom Fugle (fundador de El Forastero MC en Iowa y uno de los papis del custom) justo antes de su muerte. Le saludé como si fuera mi hermano, que al final es lo que tiene la jeta, y de nuevo otro que se sorprendió de nuestra procedencia. Barcelona rocks! Saludamos de nuevo a Kenny Kirk de Chopper Supply Co., con su imagen de hippie con clase, un tío fantástico. Tenía su stand repleto de curiosos y todos, pero todos, sabíamos el motivo: La chica que atendía fue una de las sensaciones del evento y además, reconocí haberla visto en algunas de las fotos de Stag y varias webs sin importancia con poca o nada de ropa, y ¡que coño!, (interj. vulgar expresión usada como admiración o queja de algo) tiene su mérito, pues la gente vestida cambia y viceversa. El nombre no lo revelaré, solo os diré que sale con una camiseta con una frase icónica de Fugle en uno de los números de Stag Magazine, buena suerte amigos. Al llegar al stand de Brown’s Cycle nos llevamos la sorpresa de la jornada, un negocio familiar iniciado por Jessie “Tennessee” Brown en los 70’s que ha pasado a generaciones posteriores y en él conocimos a Jake, uno de los encargados del negocio y un tipo especialmente cojonudo. Hablando de lo que se tiene que hablar en aquel momento, motos, nos preguntó de donde éramos por nuestro acento, conocido para él, y al decirle de España inmediatamente esbozó una sonrisa y fue a buscar a su mujer, Ruby, creo recordar. Pues bien, su mujer, simpatiquísima como Jake, es de ascendencia española ya que sus abuelos son asturianos y la ilusión que le hizo conocernos no tiene desperdicio, al igual que al mismo Jake. Automáticamente empezaron a hablarnos en un castellano muy correcto y nos explicaron que no hacía mucho que habían ido a ver su familia asturiana y que echan de menos la típica fabada de sus antepasados, uno de sus platos favoritos. Nos dieron a cada uno una bolsa repleta de camisetas, parches, pegatinas, accesorios….y nos hicieron prometer que si volvíamos algún día a Dallas fuéramos a verles, ligera amistad que aún perdura. Lo que tiene de bonito a veces la vida.
Tras varias 805 Beer de lata hablaba hasta con la fregona del lavabo. Por allí vimos a Scott Hoepker, el propietario de Chemical Candy Customs, considerado, en una opinión muy personal, probablemente uno de los mejores pintores custom a nivel internacional. Los premios recibidos por sus trabajos y la repercusión que tiene en su país no la tiene nadie mas. No hace mucho compartimos conversación por red social sobre la cantidad de plagios de sus encargos que tiene que soportar por algunos falsos compañeros de profesión sin escrúpulos, uno reciente de un pintor japonés. Compartía stand con Cheap Thrills y se le distinguía a leguas por su enorme sombrero de cowboy blanco inmaculado. Todo un gentleman, además de rozar la perfección como pintor y artista. El nivel de calidad de construcciones chopper y bobber dentro del evento era de otro mundo, incluso me salió la frase de “la peor y mas fea, para mí”. Un evento así es prácticamente imposible de realizar en nuestro país, especialmente porque ellos llevan esa cultura en la sangre y las restricciones legales que debemos soportar en nuestra querida tierra prometida nada tienen que ver con la de los Estados Unidos, donde en muchos Estados ni siquiera es obligatorio llevar casco o pasar inspecciones, puedes poner la matrícula donde los remaches aprieten, no pasan ningún tipo de control medioambiental y la cultura automovilística se aprecia a todos los niveles sociales, culturales y edades. Durante el festival vimos entrar decenas y decenas de miembros de Bandidos MC Texas, y es que Matt Jackson tenía expuesto el Panhead rígido y un stand de Jackson’s Choppers. Nos volvimos a saludar, en esta ocasión él iba vestido con los colores de su club y la brotherhood de Bandidos rodeaban a éste. Viendo que el mas pequeño de ellos era un armario con la cara tatuada y todos llevaban navajas en sus cinturones (permitido en Texas) lo mejor era no entretenerle mucho y ale, con Dios. Lógicamente no había ningún otro MC por allí excepto los llamados supports, miembros de otros motoclubs que apoyan el estatus de los Bandidos MC en la zona. El patio exterior del recinto estaba dedicado a las Vans customizadas de época y organizado por los miembros de Rolling Heavy Magazine. Abundaban las Dodge y Chevys setenteras, lo que sería ideal para llevar tu chopper dentro, no soy muy materialista, pero no me vendría mal.
Al anochecer el recinto apagó sus luces y en el escenario aparecería Jesse Dayton, famoso country-rocker últimamente conocido por su estilo mas roots-americana que ha colaborado con Lucinda Williams, Waylon Jennings, Johnny Cash, co-director de films con Rob Zombie e incluso tocó en la Casa Blanca en el baile inaugural de la investidura de Bill Clinton. Al acabar el show continuamos nuestro tour repasando detalles increíbles de los constructores, ideas para llevarnos, arrasando en las compras, babeando con la mayoría de joyas de dos ruedas, disfrutando de la Extreme Motorcycle Jump en el exterior del recinto y apartándonos de las horquillas extremas que habían montado en varias choppers preguntándonos cómo sería conducir algo así. Todo un día en una nube en un evento que tiene muchísima mas calidad que cantidad, justo lo que buscábamos, así que cansados nos marchamos de nuevo a nuestro Motel esperanza y su famoso Strip-Club con la tristeza de que al día siguiente dejaríamos ese antro para poner rumbo al norte.
Nuestra intención era desplazarnos hasta Lubbock, cruzando el interior del Estado, únicamente para ir a ver el pueblo natal del eterno Buddy Holly, su estatua y su tumba siempre llena de flores, pero preferimos subir hasta Wichita Falls para entrar ligeramente en el Estado de Oklahoma antes de llegar a nuestro siguiente destino, el pueblo de Santa Rosa (New Mexico), donde teníamos reservada una casa en la colina de Park Lake, llamada por sus propietarios “La Casa del León”. Nuestro nuevo hogar prometía. Antes, subiendo por la US-287, empalmaríamos con la Interstate 40 para cruzar Amarillo y hacer parada en dos destinos marcados e imprescindibles: Ir a ver el atardecer tejano en el icónico Cadillac Ranch no sin comernos previamente un enjambre de ternera en The Big Texan, así, de dieta, hasta no poder cerrar la comisura de los labios. Aún en Texas, entre Wichita Falls y Amarillo, paramos en uno de esos pequeños pueblos aislados donde por casualidad vimos un granjero hillbilly vendiendo, entre otras cosas de su cosecha agrícola, una decena de cráneos de sus propias vacas, auténticas vacas tejanas, los Texas Longhorn, joder. Sin disecar y aún con trozos de piel seca adheridos, le compré una que casi no cabía en el maletero y que nos acompañó el resto del viaje (olor incluido), hasta que lo envié vía USPS previo papeleo, explicaciones, aranceles y empaquetado directamente a casa, donde semanas después la limpiaría, desinfectaría y prepararía para colgar de una de mis paredes. Y juro no haber dicho esto, pero pasó todos los controles. Si lo sé, me las llevo todas.
Cuando llegamos al Big Texan, lo primero que sorprende del célebre restaurante, ya dentro de la Ruta 66, es su tamaño a pesar de ser un negocio familiar, porque como ya dije anteriormente, en Texas todo es grande. Al entrar, una amable señorita se desplaza contigo hasta el comedor principal para llevarte a la mesa reservada y la mandíbula se te vuelve a caer por debajo del ombligo: Decenas de animales de caza disecados en las paredes de una sala enorme con familias de mucho comer metiéndose unos atracones de miedo. Faltaban los caballos y las carrozas en la puerta. Su interior ha sido parte de múltiples escenas hollywoodienses, por ejemplo, en “Wake Up in RenoCharlize Theron, Billy Bob Thornton y Patrick Swayze comen en él y Billy Bob recibe un diploma por tragarse su afamado Great Steak of Texas y la cadena de TV The Travel Channel filmaría en él el programa Man Vs. Food, así como múltiples concursos donde se les ofrecía carne a la parrilla de mínimo dos kilos y quienes lograran comérsela entera le saldría gratis el menú liviano. Ok, ahí estábamos nosotros dispuestos a mandar a la mierda cualquier ensalada y preguntando a la familia de la Casa de la Pradera que nos recomendaba para comer si tuviéramos que ir a una isla desierta. Sinceramente no me acuerdo, fue como una borrachera carnívora, pero hay algo que sí se me quedó grabado por lo mucho que me gustó, son unos Boniatos que allí se les llaman Sweet Potatoes y que los ponen con canela, cebolla y sal y, pese a que no soy muy aficionado a esa patata rojiza, casi me trago la cerámica del plato. Eso sí, pagar lo pagas, la comida en los States no es barata, pero habíamos hecho la táctica del pelícano, guardarlo casi todo en el buche para ir subsistiendo los siguientes días, al final es lo que aprendemos los chicos de barrio.

Varias millas en adelante, a la zona izquierda de la I-40 se encuentra Cadillac Ranch, que de algo tan estúpido como enterrar en diagonal la mitad de diez antiguos Cadillacs en medio de un pasto, ha pasado a ser a algo que todos hemos visto en alguna ocasión, sea en video-clips, películas, documentales y sesiones de fotos, algo muy representativo de la Ruta 66. Los coches están en ruinas y se hizo popular pintarlos con grafitis sin sentido, lo que en ARCOMadrid llamarían una obra de arte, pero que a mi me parece una castaña con gracia. He de reconocer que a la hora que llegamos, el atardecer y en medio de un prado, las sombras y el rojizo de esas puestas de sol de las llanuras norteamericanas hicieron de ello un momento inolvidable. Eso si, los pones en una carretera secundaria de los llanos de Albacete y te dan ganas de quemarlos, todo es cuestión del lugar adecuado. No teníamos prisa por llegar a Santa Rosa, normalmente las casas de alquiler entre particulares van con códigos que van cambiando y que te los pasan una vez procesas el pago previo, así que nos tomamos con calma la ruta hasta cruzar a New Mexico y llegar a Tucumcari, un pequeño pueblo de la Ruta 66 que han transformado en un mini parque de atracciones pero que aún conserva Moteles clásicos como el Blue Swallow y su famoso neón, por lo demás, sinceramente, no nos interesaba nada de una Ruta que se ha convertido en algo demasiado artificial, pero que si queríamos llegar a la zona del Río Grande y sus pueblos indios, al norte de New Mexico, debíamos pasar por allí.

Santa Rosa es mas de lo mismo, un pueblo que vive alrededor de los turistas que realizan la Ruta 66 (de hecho ahí está el Route 66 Auto Museum) y también del Blue Hole, que aunque parezca el nombre de una pastilla valenciana de los ’90, es una piscina natural cristalina con mas de cien metros de profundidad famosa entre buceadores de todo el mundo. Nos dejamos el snorkel en casa y yo no vivo tranquilo bajo el agua, así que fuimos directamente a nuestra Casa del León. La verdad es que fumar un cigarrillo en su porche a las tantas de la noche con unos cafés americanos, fue de lo mejor de aquella casa en lo alto de la colina, separada del centro del pueblo y con unas puestas de sol tremendas. No podíamos pedir mas. Ese sería nuestra base para visitar las montañas recónditas y destino de hippies en los ‘60: Las Vegas (de New Mexico), Santa Fe, El Dorado, White Rock…hasta Taos. A la mañana siguiente cogimos el coche camino a Las Vegas de New Mexico, nada que ver con la que todos conocemos de Nevada, por la carretera local US Hwy 84E, y es que allí, empezaba una importante población de indios Navajos y Apaches, o descendientes de ellos, que siguen viviendo en reservas entre las montañas y llanuras de San Miguel County, de hecho, se pasa por pequeños pueblos y ranchos llamados Apache Springs o Mesa Apache. Generalmente se ganan la vida de sus trabajos de artesanía con plata y turquesa natural, coral, nácar y azabache, pues sobre todo para los Navajos tiene un sentido simbólico y religioso heredado de sus antepasados. El primer documento que menciona la existencia de los Apaches se escribió en Taos (New Mexico) en 1702, cuna de una de las tribus indias mas famosas y de su líder Gerónimo, a principios del s. XIX.
El pequeño pueblo de Las Vegas de New Mexico es uno de los mas bonitos que vimos en nuestro largo viaje, la influencia de mexicanos e indios está presente en todos los rincones y es muy famosa entre los cinéfilos. ¿Alguien recuerda la escena de Easy Rider donde Fonda y Hopper se metieron con sus motos entre un desfile, son arrestados por la policía y en la cárcel se encuentran con Jack Nicholson? Se grabó allí, en la calle principal: Bridge Street. Aparcamos allí mismo, no deja de ser un pueblo y puedes hacerlo donde te de la gana, y es que lo primero que hicimos fue entrar en una western store Popular Dry Goods, una tienda de ropa vintage de segunda mano. No fue casualidad, dentro de esa tienda se grabó la famosa escena donde Llewelyn Moss (Josh Brolin) entra a comprar ropa y unas botas vaqueras en la película de los hermanos CoenNo Country For Old Men” (No es País para Viejos). De hecho, si repasáis la escena veréis que se ven los dos letreros de “Western Wear” desde el interior y que podéis apreciar en las tres fotos anexas: Foto 1 ~ Foto 2 ~ Foto 3. Todo sigue igual ahí dentro, el tiempo no debe pasar tras sus puertas. Uno de los grandes descubrimientos para nosotros durante el viaje fue una tienda de artesanía justo enfrente de Popular Dry Goods, creo recordar que se llamaba In The Wind y fue donde me dejé, personalmente, parte importante de mi presupuesto en objetos religiosos, joyería, cuadros…un desastre financiero, pero ¿cuántas vidas vivimos?. Fue allí donde conseguí uno de los anillos mas bonitos que tengo, hecho por la tribu indio-americana Zuni (me grabé el nombre a fuego cuando me lo dijo la propietaria del comercio, que además de muy mayor tenía una cultura histórica que te dejaba sin aliento). Hecho con plata maciza, muy pesado, con dos longhorns tallados en sus laterales y una enorme turquesa natural ribeteada de un color azul mas puro y raro del habitual, que ella misma me explicó. Me enamoré nada mas verlo y parecía que el de las plumas en la cabeza lo había hecho para mí. ¿El precio? Jamás lo diré, pero puedo imaginarme lo que puede costar en cualquier tienda de L.A., Barcelona o Londres sabiendo la procedencia y la calidad del trabajo. Abundan los comercios de tallas religiosas y mucha simbología en Las Vegas, de hecho, en medio de la plaza principal, llamada Plaza Park, una enorme figura de Nuestra Señora de Los Dolores preside ésta, y es en ese mismo lugar donde se localiza otro de los recuerdos cinéfilos del pueblo. El histórico Plaza Hotel se convierte, de nuevo en el film “No Country For Old Men”, en el Eagle Pass Hotel, donde Llewelyn Moss (Josh Brolin) descubre que tiene un localizador de rastreo dentro de la maleta con la pasta y espera tras la puerta que llegue el psicópata de Anton Chigurh (Javier Bardem) para matarlo. Él escapa, pero Carson Wells (Woody Harrelson) no tiene tanta suerte.
Seguimos camino a Santa Fe, mas al norte, cruzando por Pecos National Historical Park, de mucho interés por albergar algunas de las misiones de antiguos españoles como la Mission of  Our Lady of the Angels of Porciúncula de principios del siglo XVII y los tonos de la tierra se van convirtiendo en mas rojizos, como en casi todo el Estado de New Mexico, donde el desierto ya abunda. El trayecto Santa RosaLas VegasSanta Fe por la N-84 es espectacular y el casi nulo tráfico hace que puedas parar en medio de la carretera y acampar con el hornillo. Además, es gracioso porque en casi todo el Estado, así como en Arizona, abundan los carteles de “Beware Of Snakes” (Cuidado con las Serpientes), por lo que por si acaso meábamos en medio del asfalto. Al llegar a Santa Fe te das cuenta a primera vista del pijerío económico de esa pequeña ciudad de casas hechas de color tierra, con ladrillos de adobe y una arquitectura muy ibicenca, algo extraño y único en los Estados Unidos. Y todo tiene una respuesta y esa nos la dio otro de esos personajes extraños que te encuentras en la vida. Dando una vuelta por sus calles del centro, un tipo ya madurito nos paró porque hablábamos en castellano y nos preguntó de dónde éramos, al decirle de Barcelona automáticamente nos empezó a hablar en catalán, le alegramos el día, creo que hacía años que no lo hablaba y le encendimos el fósforo. Nos explicó su vida, que casualmente nos importaba una mierda, y nos dijo que nació en Barcelona pero vivió muchos años en Ibiza, hasta que se mudó a Santa Fe, la Ibiza americana. Nos explicó que era artista, y la ciudad un enjambre de bohemios, hippies, naturalistas, salas de arte, pétalos y poliamor, animándonos a que comiéramos juntos y a enseñarnos su casa y sus obras de arte. Nos miramos y entendimos que el señor quería deshojar alguna margarita, así que se me ocurrió la brillante idea, en una rápida demostración de improvisación ante un peligro cercano, de decirle que se nos acababa el ticket del parking y que ahora volvíamos. No había ticket, ni parkings y entiendo que el artista cazatalentos no tardaría en darse cuenta que no nos habíamos despedido. Nos enteramos por una amiga mía amante del arte y la joyería, que en Santa Fe estaba el Museo de Georgia O’Keeffe, una de las mejores pintoras del s.XX en Estados Unidos, que además vivió en sus últimos años entre Santa Fe y Taos, pero finalmente preferimos visitar las mil quinientas tiendas de artesanía y joyería india que hay en la ciudad y en esa zona norte de New Mexico hasta el anochecer. Santa Fe me recordó muchísimo a un pequeño pueblo del norte de California llamado Carmel-by-the-Sea, un lugar de ensueño dedicado única y exclusivamente al arte y a sus campos de golf de la 17-Mile Drive. Por cierto, Clint Eastwood fue alcalde republicano de Carmel y sigue residiendo en ese pueblo costero, asi que me lo imagino en la calle a lo Gran Torino diciendo eso de “Qué tramáis, morenos?”.

Camino a Taos (New Mexico)
RYAN BINGHAM – Rollin’ Highway Blues – “Roadhouse Sun” (2009)
New Mexico es la tierra que le vio nacer, Texas la que le vio crecer y California triunfar. En un mundo saturado de cantautores de rock de raíces repitiéndose hasta el vómito, Ryan Bingham es, con su voz grave y rasgada, sus influencias country y componiendo canciones desde el corazón para partirte el tuyo, la gran realidad actual de la música americana junto a Shooter Jennings y Justin Townes Earle. Probablemente hubiera hecho espacio para la canción ganadora de un Oscar, Grammy y Globo de Oro “The Weary Kind”, compuesta para la B.S.O. de “Crazy Heart” (con los soberbios Jeff Bridges y Robert Duvall), pero existe un tema, “Rollin’ Highway Blues”, que me sobrepasa. Pertenece al segundo álbum, que no del artista, producido por el ex The Black Crowes (Marc Ford), quien le da su toque tan personal junto a la banda de Bingham en aquella época, The Dead Horses. Lap-steel guitar, brushes, piano, mandolina, esa voz rota tan omnipresente y una letra que habla por sí misma sobre el reconocimiento y perdón de estar en un pozo sin fondo: “And darlin’, don’t regret leavin’ a drunken fool, don’t respect a man that don’t care for you, never go back to the rollin’ highway blues ‘cause every night I fall asleep with whiskey in my mind…”. El mainstream no se si dejará que este artista siga siendo un tipo con integridad, pero como siempre digo, lo hecho y escuchado ya no nos lo quitan.
 
Decidimos, porque dejábamos mucha parte de nuestro siguiente paso a la improvisación, anular la última noche en Santa Rosa y coger desde Santa Fe el camino a Albuquerque, ya que si no, debíamos hacer un rodeo considerable. Allí adelantamos la reserva de nuestro nuevo hogar, en el barrio de Pat Hurley Park, justo al lado del Río Grande. La casa en sí era perfecta para nosotros, aparcamiento en el patio exterior con césped, casita de madera, camas cómodas y un patio interior con mesitas para las charlas nocturnas con café. Albuquerque es una gran ciudad, pero no llegamos a disfrutarla, estábamos deseando ir hacia el sur camino de Las Cruces y esas carreteas infinitas, así que ni visitamos la casa donde se grabó Breaking Bad y vivía en la famosa Serie la familia de Walter White, tampoco fuimos a ver la tumba de Randy Castillo (ex-batería de Ozzy Osbourne y Mötley Crüe) en el Mount Calvary Cemetery de la ciudad, simplemente fuimos dos vecinos mas durante dos días y nos dedicamos a relacionarnos con la gente del barrio, casi todos de origen chicano, ya sabéis, muy lowrider el rollo.
Llegó el momento de uno de nuestros trayectos mas largos, íbamos del tirón de Albuquerque a Tucson, Arizona, así que cogimos la I-25 hasta Hatch, llegando casi a Las Cruces y la frontera con Mexico, para desviarnos luego por la NM-26 local y la US-70 hasta llegar a destino. Bueno, ese recorrido fue brutal, acojonante, enorme, pura américa desértica. Amo New Mexico. Cruzamos el Bosque del Apache, Rock Canyon, el pueblo con el nombre mas cojonudo del mundo, Truth Or Consequences, y si pretendes hacer todo ese recorrido a medio depósito tienes un problema, no hay casi gasolineras, de hecho, no hay casi de nada, y eso es lo mejor de todo, es perfecto para no pensar y disfrutar de las carreteras interminables.
Íbamos con cuidado a la hora de cruzar de NM a Arizona, la fama de la policía de ésta última no es muy halagüeña y sí problemática, estábamos advertidos, así que por si acaso pusimos el control de crucero y fuimos niños güenos porque no nos van los tásers.
Arizona, aparte de poseer la bandera de Estado mas bonita con diferencia, recorrerla era, personalmente, una de mis grandes ilusiones. Como amante absoluto del desierto americano, uno de mis confesables fetiches, y con California ya recorrida en ocasiones anteriores, Arizona y los desiertos de Sonora y la parte Este del Mojave debía entrar en nuestros planes, no había discusión. Casi llegando a Tucson ya se veían enormes Saguaros en las laderas y poco a poco todo quedaba inundado por ellos. Es acojonante y unas vistas que no se olvidan, pero amigos, lo mejor estaba por llegar. La ciudad de Tucson es, junto a Austin, lo mejor del viaje. Para variar habíamos alquilado una casa a cuatro vientos en el barrio de San Carlos, vimos pocas fotos previas por parte de los dueños, pero cuando llegamos al destino…voilà, teníamos la puta casa de nuestros sueños en los próximos días. La casa no tenía desperdicio, blanca ibicenca, con terreno empedrado para meter coches en el interior, una decoración espectacular típicamente americana (nevera retro Big Chill incluida), habitaciones enormes, un patio trasero con barbacoa y otra casa independiente de madera que hacia de lavadero, trastero y donde ya estaba pensando yo dónde podría guardar las motos y mi pequeño taller si fuera mía. Ah, y un Saguaro en el jardín. Sacamos unas cervezas bien frías que nos dejó la anfitriona en la nevera y a descansar del largo viaje del día.

Nuestro hogar en Tucson (AZ)
A la mañana siguiente nos levantamos temprano para ir todo el día al Saguaro National Park y después al Arizona-Sonora Desert Museum. Estaba a escasos veinte kilómetros, no era casual que fuéramos a parar a Tucson, y la única manera de llegar es por la National Kinney Road, el sueño de cualquier amante del desierto y los Saguaros, llegando tranquilamente a los quince metros sin problema, quizá mas. Los amaneceres y atardeceres en esa zona del país son sencillamente exagerados, de otro mundo, la tierra se torna rojiza con los reflejos del sol, el aire seco que parece resquebrajarte la cara y yo secándome las lágrimas. Sólo nos faltaba ver una serpiente cascabel cornuda (allí se le llama Sidewinder) traqueteando la cola, y es que había letreros por todos sitios con su imagen, por si seguías sin saber donde estabas. De todos modos, he visto a Frank de la Jungla hablar con ellas muchas veces, y a César Millán enseñar como ser el jefe de la manada, así que estábamos preparados.
Al Sonora Desert Museum se entra previo pago, como es lógico, pero vale la pena. No es un museo al uso, es prácticamente todo exterior y en sus terrenos tienen algunos de los Saguaros mas gigantescos del desierto, animales típicos de esa zona como coyotes, lobos, buitres, águilas y todas las puñeteras serpientes con el cascabelito, además de la típica vegetación y cactus del desierto. Al final, casi al atardecer, compré una de esas cosas que llevaba en mi mente desde hace muchos años y que los vendían de unos cinco centímetros en pequeños recipientes preparados para plantar, lógicamente era un Saguaro, pero no contaba que, por mucho que quise cuidarlo (llegó perfecto tras el vuelo de vuelta) el Saguaro solo crece en el Desierto de Sonora por mil factores distintos como sustratos típicos de aquellas tierras y una manera particular de crear azúcares a partir de la luz solar intensa y aridez del terreno de Sonora, asi que se me quedo como un higo de San Pedro en menos de una semana. La opción que barajo ahora es comprar uno crecidito y tonto, de esos que no saben donde están, me cueste lo que me cueste. Pasamos el atardecer en Saguaro National Park, sin palabras. Lloro de nuevo.

SUPERSUCKERS – Sleepy Vampire – “Motherfuckers Be Trippin’” (2003)
¿Cómo no iba a hablar de la autoproclamada “Greatest Rock’N’Roll Band in the World” pasando por su ciudad natal, Tucson?. Hay que tener mucha confianza y pelotas para decir de sí mismo algo así, pero es que lo de Supersuckers es actitud, arrogancia, clase y puro rock’n’roll. Su mundo no tiene secretos. Eddie Spaghetti y sus socios navegan entre tours, cervezas, mujeres, rockear y letras sin censura, porque ellos no se toman la vida en serio. “Sleepy Vampire” es y ha sido siempre mi clásico particular, donde desde que cierro los ojos con su melodía introductoria, parece que vaya a salir a cantar Tyla y sus The Dogs D’Amour, hasta su estribillo chulesco que recuerda irremediablemente a Social Distortion, a los que siempre se les ha comparado. Aquí todo ronda alrededor de Eddie, único miembro original y líder absoluto, que ha ido alternando sus trabajos con la banda como en solitario, éstos últimos dando rienda suelta a su vena country-rock, donde por cierto, en su álbum en solitario titulado “Extra Sauce” del 2004 realiza una auto versión acústica de “Sleepy Vampire” que mataría por escucharla a dúo con Spike (The Quireboys), Michael Monroe o como no, el ya mencionado Tyla. Eddie Spaghetti es tan invulnerable que en 2015 superó un cáncer de faringe y tan sinvergüenza que me lo imagino en el hospital diciéndole a la enfermera que el penúltimo álbum de su banda se titula “Suck It”. Queda claro que jamás te fallarán en ninguna de sus vertientes, Eddie y su banda son una destilería y tienen carta eterna de inmunidad.
A la noche teníamos cita con los angelinos Mystic Braves, una banda psicodélica con influencias 60’s que aquella noche tocaba en la sala Cans Deli de 4th Avenue, la calle con mas movida de Tucson y centro del ocio nocturno. “Tu:son se pronuncia”, nos decía nuestro conductor de Uber, y es que la C es muda en esa palabra. Suerte tuvimos de que fue el primer día y eso nos dio alas, asi que los siguientes días caminábamos como Tony Montana por las calles de Miami. En la esquina anterior a la sala nos tomamos una previa en un lugar que recomiendo a cualquiera que pase por la ciudad, se llama Che’s Lounge, y el ambiente era del todo festivo. Por cierto, aunque lo sepas, no deja de ser cómico la cantidad de letreros que hay en los locales nocturnos de “No Guns Allowed Beyond This Point” (no está permitida la entrada con armas) en todo el sur de los Estados Unidos. Es tan habitual como nuestros letreros fluorescentes de “No Aceptamos Billetes de 200 y 500 €”, algo que siempre me jode porque nunca puedo pagar las consumiciones. El show de Mystic Braves fue tal y como esperábamos, teclado Hammond incluido. Tienen imagen y temazos, no es el típico hype, y gracias a Dios la cultura musical de los americanos generalmente valora y apoya mucho todo lo relacionado a este tipo de conciertos. Cans Deli es una madriguera con gracia, su puerta de entrada y pasadizo alargado me recordó a la, mil veces vista, puerta del edificio de Nueva York donde el Capo di tutti Capi, John Gotti, se reunía en secreto hasta que fue descubierto por el FBI. Una vez dentro la sala es muy acogedora y tiene una zona tipo chill-out para fumarte un cigarrito o charlar con los amigos, donde por cierto estuvieron todos los miembros del grupo tras la actuación compartiendo cerveza entre los asistentes. Nos marchamos, eso sí, sin perdonar la última cerveza fría en el jardín de nuestra casa de ricos.

Cartel original del concierto de Mystic Braves al cual asistimos en el Cans Deli Club de Tucson 
Tucson nos encantó, una ciudad mediana que no le falta de nada, bueno sí, playa, pero es suficientemente pequeña para recorrerla toda y suficientemente grande para tener todo lo que puedas necesitar. Es llana, limpia, urbanita, joven (es la sede de la Universidad de Arizona y de los Wildcats de la liga de futbol americano NCAA), hay Saguaros (soy un pesado, sí, pero me apasionan) por todas las calles, la zona de ocio es perfecta y no se siente ningún tipo de peligro por ningún lado, es mas, creo que lo único peligroso allí es clavarte una espina de un cactus en tu lindo trasero si decides apoyarte en él.
Nos recorrimos esos días muchas de las calles, a pie. Impresiona el diseño de muchos de sus comercios, cuidados, con fachadas talladas en madera, es como si fuera necesario tener gusto para que te den una licencia en la ciudad y además, pasar por el histórico Hotel Congress no tiene precio, está anclado en el pasado y es muy conocido porque en 1934, en su tercera planta, detuvieron al famoso mafioso y ladrón de bancos John Dillinger, que en el 2009 dio vida Johnny Depp en la película “Enemigos Públicos” de Michael Mann. En Tucson compré de todo, hasta burritos, pero sobre todo abundan objetos vintage y decoración que harían las delicias de muchos, así que os pagáis el viaje.
Nuestro vecino de enfrente nos miraba como si nos conociera de toda la vida, y es que tenía varias Harleys en su porche y a nosotros se nos ve a una legua la tribu urbana a la que pertenecemos, no como la procedencia, pues mucha gente pensaba que éramos italianos, ya que siguen sin tener claro que España es Europea, lo de la geografía no lo llevan muy bien, no es broma. Disfrutamos tanto de la casa que íbamos a comprar a cualquier Walmart o Food City para comer en ella, cafés con el equipo de música a tope, terraza, cervezas en cubos con hielo….hasta que nos despedimos de ella para poner rumbo a otro desierto, el Mojave y el Joshua Tree National Park.
GREY DAZE – Soul Song – “Wake Me” (1994)
Probablemente pocos conocen que Grey Daze fue la primera banda de Chester Bennington, el otrora vocalista de los multiventas Linkin Park. “Wake Me” fue su debut, y en su momento nadie les prestó atención, ni siquiera las discográficas independientes, pero ahí estaba Bennington y su particular voz. La historia del cantante fue todo un sinsentido de desgracias a nivel personal hasta el día de su muerte. Durante seis años un amigo de su familia, totalmente rota, abusó sexualmente de él, lo que le llevó a múltiples depresiones, adicciones, trastornos de ira y debilidad emocional. Su voz, triste, desesperanzadora y sus cambios de ritmo a la cólera mas desgarradora era fruto de su propia vida. Nuestras acciones, al final, son el espejo de nuestro interior mas oculto, y él estaba siempre sobre un hilo resquebrajado. “Soul Song” es ese espejo, es él, su subterráneo jodido, oculto y únicamente basta con escuchar el dolor gritando “Freedom rain and God has come, the rivers of blood pushed back in my veins…”, al igual que oírle en el tema “Sometimes”. Su hilo se acabó de romper en Mayo del 2017 cuando su gran amigo Chris Cornell se suicidó ahorcándose. Bennington le escribió una carta, que se hizo pública, llena de dolor: “Sigo llorando de pena cada vez que pienso en ti. Me ayudaste a comprender muchas cosas, no paro de rezar para que tengas paz, pero no consigo imaginarme el mundo sin ti en él. Gracias por permitirme ser parte de tu vida.”. Aún recuerdo ese video robado (y ahora retirado por respeto a su familia) donde Bennington cantaba “Hallelujah” con lágrimas en los ojos en el funeral de Cornell. Dos meses después, el día en el que su amigo hubiera cumplido 53 años, Chester también se suicidaría por ahorcamiento en su casa de California. Warner Records ha reeditado y remasterizado este mismo año un recopilatorio titulado “Amends”, con los temas de sus dos únicos álbumes que, desgraciadamente para muchos, será algo muy nuevo, y afortunadamente para otros, será para rememorar una pequeña joya de hace años.
Subiendo por la I-10 dirección Phoenix (la ruta de los Narcos del Cartel de Sinaloa desde Nogales a Los Angeles, (podéis verlo en el documental Historias del Narcomundo de Netflix) hay otra de las carreteras que no se olvidan, eternas y que lo único que podíamos echar de menos era no hacerlo con nuestras motos. La metrópoli de Phoenix la pasamos de largo, necesitábamos discriminar paradas y ésta era una de ellas; lo único que nos dio pena fue no salirnos para ver de cerca la Reserva de Kofa, donde habitan los Monstruos de Gila entre picos y montañas peladas de piedra color azafrán que daba para reportaje. Nuestro destino era Indio, California, cruzar Palm Desert y Coachella tras varias paradas y llegar a Desert Hot Springs, justo a la entrada de Sky Valley. Quienes no conocen la historia del subgénero Desert Rock (o Stoner Rock como se empeñan algunos en llamar) probablemente no entiendan nada, pero una de mis bandas favoritas de todos los tiempos grabó una obra maestra y de culto titulada “Welcome To Sky Valley” utilizando para su portada el letrero de entrada al valle, icono actual de este subgénero rockero. El cartel ha sido robado y renovado varias veces, y está situado a mitad de camino de una carretera local y poco concurrida llamada Dillon Road, bordeando Joshua Tree, donde puedes ver kilómetros de ésta en línea recta rodeada de arena, sol y estepicursores (o nubes del desierto), que son esas plantas secas que todos hemos visto en las películas rodar por el viento. En mi caso ya había estado ahí años atrás, pero siempre será un placer volver a ir, su imagen con una interminable carretera haciendo forma de valle cóncavo es de postal, y ya no digo si estás ahí en una puesta de sol. Otra de las imágenes icónicas de la carretera son sus buzones típicos de pie del periódico local The Desert Sun, pintados de amarillo.

La mítica Dillon Rd. camino de entrada a Sky Valley y Desert Hot Springs
Seguimos la carretera hasta el cruce con la Twentynine Palms Highway, que nos llevará por una zona de ensueño para los amantes del desierto americano a nuestro nuevo hogar por unos días, cruzando Morongo y Yucca Valley: El Harmony Motel, en Joshua Tree. Un gran carnero sobre un monolito cuadrado preside la entrada de un Motel, donde las habitaciones son pequeñas casitas apareadas con pequeñas terrazas delanteras alrededor de un jardín de cactus y plantas de la zona, que transmite mucha paz y donde puedes ver corretear animales de todo tipo. El lugar elegido no fue casualidad, U2 se alojó en ese Motel para parte de la sesión de fotos del mítico álbum “Joshua Tree”, la otra sesión fue en Death Valley. En una de las fotos promocionales del álbum, Bono, y después junto al resto de la banda, sale delante del cartel de carretera del Harmony Motel que hay metros antes de su entrada, en 1987. Era nuestro momento de descanso y el lugar ayudaba. Teniendo nuestro nuevo hogar como base, desde allí fuimos a visitar Joshua Tree, el pueblo. Atravesado por la 29 Palms Hwy, Joshua Tree es conocido por su aureola artística, artesanos de todo tipo y sobre todo, lo que mas abunda, son los comercios de muebles y objetos antiguos, todo muy vintage y bohemio. Y como no, totalmente rodeado, al igual que nuestro Motel, por los famosos Árboles de Josué, familia de las Yuccas, que hacen del lugar un reflejo realista del que hemos visto en miles de fotos durante nuestra vida.
El estar en Joshua era por muchos mas motivos que por una pura vena turística, no era nuestro caso, íbamos a intentar entrar en un sitio prohibido pero de culto, casi religioso para nosotros y valía la pena intentarlo aún sabiendo las dificultades que supondrían. Subiendo una de las calles asfaltadas hacia la colina, donde el asfalto desaparece y empiezan los caminos de tierra, está el Rancho de la Luna, el legendario estudio de grabación que inspiró y creó algunos de los álbumes mas famosos de la escena Desert Rock, entre ellos el ya mencionado “Welcome To The Sky Valley” de Kyuss. En sí es, como su nombre indica, un rancho aislado con enorme terrero alrededor donde en los ’80 sacaban generadores de electricidad y realizaban jams de improvisación inspirándose únicamente en el silencio del desierto y sus atardeceres. El rancho fue fundado por los músicos y productores Fred Drake (el ya fallecido líder de Earthlings) y Dave Catching (co-fundador de Earthlings y guitarrista de Eagles Of Death Metal) y entre sus paredes y su decoración vintage lleno de alfombras, velas y un ambiente muy místico, se grabaron álbumes o parte de ellos de Mark Lanegan, Brant Bjork, Queens Of The Stone Age, Black Rebel Motorcycle Club, Foo Fighters, Kyuss, Nebula, Fu Manchu…y un largo etcétera. Para conocerlo mejor podéis ver el Capítulo 5 del documental de Foo FightersSonic Highways” dedicado a Los Angeles donde visitan y tocan en el Rancho de la Luna, con comentarios de Josh Homme (Kyuss, Queens Of The Stone Age), Duff McKagan (Guns N’ Roses), Mario Lalli, Scott Reeder, Joe Walsh (The Eagles)… entre muchos otros, o el documental “American Valhalla” de Josh Homme e Iggy Pop en el rancho. Me hizo gracia ver a Josh con su moto bajando el mismo camino polvoriento que nosotros recorrimos. Existen otros documentales menos famosos pero no por ello peores, como Lo Sound Desert, Such Hawks Such Hounds o The Desert Age, que explican la esencia y el misticismo de dicha cultura musical nacida en las tierras de Joshua Tree National Park y entre las paredes del Rancho de la Luna. Siguiendo con nuestra jeta de querer entrar a toda costa, pasamos la valla de propiedad privada y llegamos a la puerta del rancho, andando, pero una vez allí, un tipo que estaba dentro del terreno, a nuestra pregunta de si podíamos visitarlo, nos dijo que era imposible, que estaban grabando y que lo único que podíamos hacer era pedir cita previa, pero que no sabían cuando podrían darnos vía libre, ya que generalmente el estudio está activo y reservado para pruebas de sonido, grabaciones y postproducción. Esta vez no funcionó hacerse el tonto, que en nuestro caso no nos resulta complicado, pero valió la pena intentarlo.
Habíamos tenido contacto semanas antes con Dan Collins, propietario de Old Gold Garage, del Blackbird Ranch (un rancho espectacular que alquila en medio del desierto de Joshua), tatuador, constructor de choppers, coleccionista de classic cars y muy conocido dentro del mundo biker, siendo portada en los mejores magazines del custom internacional. En el documental Two Wheels Terror tenéis un pequeño reportaje sobre el. Daniel vive en Pioneertown, un pequeño pueblo que únicamente tiene varios ranchos, un Motel, una calle típicamente western para rodajes y el bar mas cojonudo del planeta y también sala de conciertos en medio de la nada: Pappy And Harriet’s. En el han tocado Robert Plant, Paul McCartney, Lucinda Williams, Queens Of The Stone Age….que puedo decir, hasta el inventor del botijo. Habíamos quedado con él para echar unas cervezas, pero finalmente llegamos tarde a Pioneertown y no quisimos molestarte a esas horas, pues no está siempre en la misma localización al gestionar diferentes ranchos para uso turístico, así que nos disculpamos y entramos en el Pappy, lleno a rebosar, unas bebidas fresquitas en su terraza lateral y a esperar al anochecer para ver esas puestas de sol que todos hemos idealizado. Sencillamente espectacular.
Cerca de nuestro Motel, a veinte minutos en coche y en la otra cara de Joshua Tree, está Palm Desert y Palm Springs. Ambas son conocidas en California por ser un destino de primeras y segundas residencias de celebridades del cine, literatura, deporte, TV y música. Cientos de las mas grandes estrellas viven, han vivido o han pasado sus vacaciones en el valle de Coachella, incluso existe un listado de todas las personalidades que viven allí y que es imposible enumerar. Nosotros nos acercamos una de las mañanas para pasar el día por el downtown comercial, sin querer acercarnos al famoso El Paseo de Palm Desert que es el Rodeo Drive del desierto, pero sobre todo, como buenos mitómanos, queríamos tener el placer de pasar por la puerta de Twin Palms House, en East Vía Colusa, la casa de Frank Sinatra en los 50’s y donde podéis imaginar la cantidad de estrellas que pasarían por allí, Marilyn Monroe incluida. Se dice que en esa casa, Sinatra, hacía algunas de las mas salvajes fiestas de la época, donde asistían incluso sus amigos gangsters como Lucky Luciano o Sam Giancana (es mas que conocida la conexión del crooner con la Mafia, de hecho, el personaje de Johnny Fontane de “El Padrino” estaba basado en él). Y el segundo momento mitómano llego en la calle Ladera Circle, donde Elvis Presley y Priscilla vivieron entre los años ’66-’67 y fue su casa oficial en su Luna de Miel. Tiene una pequeña rotonda en su interior para poder dar la vuelta en el coche y pese a que es privada, nos hicimos unas fotos. La casa sigue alquilándose para sesiones de fotos y fiestas y pese a estar restaurada, conserva todo el estilo kitsch de aquellos finales de los 60’s. Tras un día entre mansiones a descansar al Motel del desierto y hablar con los pajaritos.

Casa de Palm Springs donde pasaron la Luna de Miel Elvis Presley y Priscilla, llamada popularmente el «Ovni» 
KYUSS – Demon Cleaner – “Welcome To Sky Valley” (1994)
Es imposible imaginar la escena desert-rock sin la figura de Kyuss, no existe discusión alguna. Banda de culto ignorada en activo por la ola grunge que movía el mundo en aquellos años, fue únicamente reconocida tras su disolución definitiva y, quienes conocen un poco a su guitarrista y compositor Josh Homme, saben que jamás habrá una resurrección. “Welcome To Sky Valley” es una obra maestra y una de las mejores creaciones de la historia del rock junto a su anterior “Blues For The Red Sun”. Su fuente de inspiración ya estaba creada: Black Sabbath, Blue Cheer, Hawkwind…pero, si alguien ha escuchado (harto complicado) la demo-cassette de un grupo llamado Across The River (grabada aproximadamente entre 1985-1986) y sus famosas jams en medio del desierto con generadores de electricidad, entenderá la verdadera esencia de Kyuss. Ya en Across The River militaban Alfredo Hernández (tras este álbum sustituyó en la batería a Brant Bjork), un irreconocible debido a su obesidad mórbida, Mario Lalli (fundador de Yawning Man y Fatso Jetson) y Scott Reeder, que se incorporó como bajista oficial de Kyuss en este mismo disco y que, años después, se daba por hecho sería el sustituto tras varias audiciones de Jason Newsted en Metallica. ¿Alguien sabe que el tema “N.O.” de este “Welcome To Sky Valley” es original de Across The River? Pues no hace falta decir mas. “Demon Cleaner” es y será mi tema favorito de Kyuss, la máxima expresión de una conexión total entre los cuatro miembros y la geografía que les rodeaba, con el propósito de transmitirla musicalmente. Los ecos de voz de un John García en plena fase alienada, los machacantes riffs de Josh Homme y el pack rítmico y sin descanso de Brant Bjork y Scott Reeder, te lleva irremediablemente a disiparte en sus adictivos ritmos y en el propio desierto. Es droga, un éxodo de tu mente, fundirte en el sol. Para quien nunca los haya conocido, que cierren los ojos durante casi veinte minutos y escuchen sin pausa “Space Cadet”, continúen con “Demon Cleaner” y acaben con “Gardenia”. No volverán a pisar este mundo nunca mas.

Los últimos seis días de nuestro viaje estaban destinados a Los Angeles, donde pese a que yo conocía ya la ciudad, nunca es suficiente. Mucha gente que viaja por turismo a L.A. suelen decir que no les ha gustado, y pese a que es cierto que ciudades como San Francisco son mucho mas atractivas, Los Angeles, para gente como nosotros, no se compone ni del paseo de la fama, ni del parque de atracciones de Santa Mónica ni de Rodeo Drive. Los Angeles es puro vicio, rock’n’roll, inmoralidad y puedes acceder a todo lo que pretendas y quieras. Teníamos una casa de nuevo para nosotros solos, en Long Beach. La casa era cojonuda, con su parking interior, dos plantas, buen jardín…..pero la zona de Long Beach donde se ubicaba era, como diría, éramos los únicos blanquitos y nos habíamos dejado los pantalones anchos y caídos en casa. El primer día hicimos un desayuno ligerito de bacon, patatas fritas, chili con queso, salsa y jalapeños en un Omega Drive-In de Anaheim St. y ya vimos una pelea de junkies pandilleros justo en la acera de enfrente, así que pedimos si tenían también palomitas.
Ya asentados en nuestra nueva casa gangsta, lo primero que íbamos a hacer era bajar hasta Newport Beach a ver a uno de mis mejores amigos, casi un hermano, del cual hacía unos cuatro años que no había podido ver. Él es Rubén, ex skater profesional y team manager de DC-Shoes Europa hasta que se instaló permanentemente en California con su mujer Courtney y la pequeña Emma. Llegamos a su preciosa casa blanca, vimos su Pick-Up Chevy, su Ironhead rígido y pudimos pasar el día juntos. Una ilusión muy grande abrazarle, charlar sin un puto teléfono por medio, ver cómo le va la vida a diez mil kilómetros de distancia, en fin, hemos pasado muchas cosas juntos. Newport Beach es uno de los pueblos mas bonitos de la zona sur, con su puerto deportivo y lujo por todas partes, de hecho, ahí viven muchas celebridades, y teníamos un anfitrión perfecto. Es brutal la imagen de algunos acantilados que nos llevó, donde había mansiones casi colgantes con acceso privado a la playa y donde está prohibido fumar (en la calle) excepto zonas concretas señalizadas. De ahí fuimos a Laguna Beach, otro precioso pueblo costero con mucho ambiente surfero típicamente californiano. Pasar el día como en familia después de todos esos años fue muy especial, así que tarde nos volvimos a Long Beach.

Al día siguiente subimos hasta el Observatorio Griffith, donde están las mejores vistas de L.A.. Simplemente queríamos hacer unas fotos, desde allí, que con Los Angeles a tus pies, ves realmente la inmensidad de urbe que es. James Dean en “Rebelde Sin Causa” las miraba también, de hecho tiene una estatua de bronce allí, así que por qué no íbamos a ser menos.
A la falda trasera del Griffith Park se encuentra el Forest Lawn Memorial Park y era otra de las visitas obligadas en esta ocasión. El cementerio es un enorme parque cuidado y puedes entrar con respeto a visitar a tus familiares o, como en nuestro caso, las tumbas de Lemmy Kilmister y Ronnie Jame Dio, recientemente fallecidos. Qué decir de ellos, simplemente no se entiende el rock’n’roll ni el heavy metal si no hubieran pasado por nuestro mundo, y cuando estás delante de sus sepulcros no puedes mas que quedarte en un silencio absoluto lleno de respeto máximo. El panteón de Dio es por sí mismo toda una obra de arte y hace gracia que tenga dos maceteros a juego a cada lado de la lápida con sus famosos hand horns grabados, un precioso lienzo encima y la inscripción en su mármol inmaculadamente blanco el título de su canción “The Man On The Silver Mountain”, himno de Rainbow compuesta por él mismo y Ritchie Blackmore. Justo enfrente, mucho mas sencillo y a ras de suelo, una placa de mármol verde jaspeado tiene inscrita la frase “Born To Lose, Lived To Win” (Ian Fraser “Lemmy” Kilmister). Sin palabras, inmortales ambos. En el Forest Lawn, están enterradas muchas celebridades, podrías pasar el día visitándolas y aunque íbamos exclusivamente por ellos dos, ahí descansan Paul Walker, Walt Disney, Michael Jackson, Marvin Gaye, Carrie Fisher….un hall of fame fúnebre. Aprovechamos para darnos una vuelta por el barrio de Los Feliz, muy cerca de allí, creo que viviría por esa zona si fuera de Los Angeles, es un barrio cojonudo, muy urbanita, joven, artístico, con una cantidad inmensa de bares y comercios, así que unas cervezas y a integrarnos.
Uno de esos días, como no, fuimos a Venice Beach. Está todo como recordaba, nada del otro mundo excepto por la fama inmerecida que tiene. Mucho homeless pidiendo, merchandising por y para turistas, pero puedes pasar el día observando la cantidad tan ingente de freaks que puedes ver circular por su paseo, de premio. Aunque, siempre es curioso ver el Gold’s Gym y después Muscle Beach, el gimnasio al aire libre que hizo popular Arnold Schwarzenegger en sus comienzos, al ser habitual su presencia allí. También los murales de los edificios que nadie osa dañar. Olvídate de Pamela Anderson corriendo por sus playas con el salvavidas, ni chicas siliconadas haciendo roller-skate en bikini, que era justamente lo que ansiábamos aparte de comer algo guarro en el Surfside.
Nos resarcimos por la noche, teníamos bonos para asistir al West Fest en el Garden Amp de Orange County. El cartel era puro hardcore del bueno: Death By Stereo, Excel, Ignite y Agnostic Front entre otros, pero el Garden Amp es un anfiteatro con asientos, mas para escuchar a The Jayhawks que un festival de hardcore neoyorkino. Incontables tarados, pero es jodido hardcore, asi que es lo que buscábamos. Mucho miembro con sus chalecos de los Rumblers Car Club, algo normal ya que Roger Miret, el vocalista y líder de Agnostic Front, es el fundador del club. Habíamos quedado allí con Aless Bado, viejo conocido de Barcelona pues vivió aquí durante unos años y actualmente es el propietario de Chopperkings y Dynahead, en Santa Anna, CA, a escasos kilómetros del anfiteatro, pero finalmente por problemas de trabajo no pudo venir y quedamos al día siguiente. El Festival fue muy loco, como es normal casi nadie estaba ya sentado y los mas fans no dejaban de hacer moshing en una pequeña zona despejada, sobre todo con Ignite y los reyes Agnostic Front. Los primeros me sorprendieron gratamente por su actitud y la calidad de sus temas en directo, de A.F. no se puede decir nada, simplemente que cuando empezaron los coros de “Gotta Go” el anfiteatro tembló y un final con “For My Familly” dio el broche de oro. Joder, estos tíos pasan de largo los cincuenta y pico años y Vinnie Stigma tiene ¡sesenta y cuatro! Nos recogimos pronto (mi abuela estaría orgullosa de dicha expresión) y a descansar, que nos lo habíamos ganado.
Por la mañana, tal y como habíamos quedado, fuimos hasta Santa Anna, cerca de Huntington Beach, a ver a Bado, el italiano grandullón, biker de pura cepa y su pequeña tienda Chopperkings. Habla perfectamente castellano, como dije tuvo negocios en Barcelona, pero se fue a los States en busca de nuevas aventuras y allí conoció a su mujer, así que vive feliz en California. Chopperkings es una marca de ropa en torno al mundo biker, además de piezas y accesorios para H.D. y Bado un gran relaciones públicas además de un excelente tipo. Tras enseñarnos su colección de ropa, que personalmente me encanta, nos regaló unas camisetas y nos llevó a un bar mexicano donde pudimos compartir unas cervezas Modelo con extra de sal que llorabas de la emoción. Todo un gentleman.
Quienes no hayáis estado nunca en Los Angeles y su periferia supongo que no entenderéis la cantidad de vehículos que hay allí, sus carreteras de seis y siete carriles, y es que aparte de la cantidad de habitantes, las distancias de un punto a otro son como ir a Andorra a comprar azúcar. Sunset Blvd. tiene veintidós kilómetros de largo, y los desplazamientos son eternos, puedes estar una hora en un Uber para ir de Long Beach a Sunset Strip, así que nuestro Chevy solo lo cogíamos si íbamos fuera del extrarradio. Aquí a esto le llaman ser un pro.
Mi colega, tatuador de profesión, quería visitar varios estudios de Los Angeles, y por fisgonear fuimos a La Brea Avenue para ver High Voltage Tattoo, el estudio de Kat Von D que se hizo famoso hace unos años por el programa televisivo L.A. Ink. Simplemente por curiosidad, los estudios de allí tienen menos restricciones sanitarias, por lo que son parecidos a las barberías, y su decoración no es tan impoluta y etérea como en nuestro país. Ms.Von D no estaba, pero sigue trabajando como una mas a pesar de que dedica mucho tiempo a su línea de productos cosméticos. Desde allí nos acercamos a Jet Rag, la tienda de referencia de ropa kitsch, original y segunda mano en Los Angeles y que además estaba unas manzanas por debajo, en la esquina con Waring Avenue. Lo teníamos en nuestra agenda y he de decir que es todo un paraíso para quienes, como nosotros, no llevamos zapatos con borlas ni jerséis de pico atados a los hombros. Como suele pasar cuando viajas, siempre conoces personajes curiosos y gente de la que guardas buenos recuerdos y en Jet Rag no iba a ser diferente. El store manager de la enorme tienda, un tipo alto con pinta de estrella del rock’n’roll nos preguntó, algo común, de dónde éramos, y al decírselo se alegró muchísimo (enésima vez que nos pasaba). Resulta que había estado un par de años atrás en el Psychobilly Meeting de Pineda de Mar (Barcelona) y le encantó. Al preguntarle si había ido por allí de vacaciones me dijo que no, que era guitarrista de una famosa banda de psychobilly y les contrataron para tocar en el Festival, quizá el mas famoso del género en el mundo. No recuerdo qué banda, tampoco su nombre, pero creo tener por ahí una tarjeta que me dio, asi que algún día la recuperaré y volveré a contactar con él. A partir de ahí fue como estar en un bar con un colega rodeado de ropa pasada de moda que se vende a precios razonables. El tipo se volcó con nosotros explicándonos la historia de la tienda (que allí la conocen como “The Craziest Clothing Deal in L.A.”) y cotilleos de las celebrities angelinas. Nos contó que la semana anterior había estado allí Leonardo DiCaprio (¿?) y le atendió el mismo, que los estudios de cine de Hollywood les suelen alquilar ropa muy a menudo y que los clientes habituales son la misma Kat Von D, Poison Ivy, Rob Zombie, Nikki Sixx, Mary Huff (Southern Culture On The Skids) y mas gente que ni recuerdo. Un poco mas abajo de Jet Rag, haciendo esquina, está uno de los cuatro restaurantes del actor Danny Trejo, el Trejo’s Tacos, bueno, simple curiosidad mas por su enigmático propietario que por la comida en sí. Lo que mas sorprende a quienes no estamos acostumbrados a tener vecinos ilustres en nuestra ciudad, es que en algunas zonas de la gran urbe angelina lo mismo vas a comprar el pan y te encuentras a una celebridad haciendo cola. La primera vez que estuve a L.A., cenando en el ya desaparecido House Of Blues de Sunset Strip tenía en la mesa de al lado a Johnny Rzeznik (Goo Goo Dolls) y estando alojado en el Roosevelt Hotel, donde se celebraron los primeros Oscars y mítico por sus fiestas hollywoodienses en la piscina, saludé a Andy Garcia como si de un colega se tratara. Resulta que iba a ver la entrega de la estrella en el Walk Of Fame a su amigo Emilio Estefan. Los Angeles es lo que tiene, en mi ciudad te puedes encontrar a Ada Colau pintando carriles bicis en la Diagonal.
Una de la tardes fuimos a Hollywood Forever Cemetery en Santa Monica Blvd. y entiendo que podíamos dar la sensación de macabrismo en vez de macarrismo, bueno, o ambas, pero personalmente admiro a quienes por cualquier motivo me han dado felicidad en mi vida, sea por el motivo que sea. El 21 de Abril del 2016 acudí al solemne Teatre Liceu de Barcelona para ver asistir a un concierto acústico que no olvidaré jamás, pues supuso uno de esos momentos mágicos que te pasan en la vida, mas si cabe después de lo que pasaría un año después. Era del mismísimo Chris Cornell, vocalista de Soundgarden, Audioslave y Temple Of The Dog, declarado una de las mejores voces de la historia del rock. Había visto a Soundgarden, también a Audioslave, pero verle únicamente a él, con su guitarra acústica, acompañado de Bryan Gibson al cello y con un escenario tan especial…que decir, tuve la piel de gallina hasta que me fui. Cornell me ha acompañado de una manera u otra casi toda mi vida, y los silencios y aplausos eternos de aquel día por parte de los que asistimos al concierto, no los olvidaré jamás. Recuerdo las primeras notas de “I Am The Highway”, la emoción de escuchar “Hunger Strike” o cuando con cariño le dijo a su hija Toni, de apenas diez u once años, que saliera a saludar junto a él, bueno, aún a día de hoy me estremezco. Cuando me enteré de su suicidio justo un año después, me quedé totalmente en shock, como si un familiar cercano dejara de existir. Aún había pasado muy poco tiempo desde que le vi por última vez y no podía creérmelo. Es por eso que necesitaba de alguna manera decirle adiós. En su tumba del Hollywood Forever Cemetery había una sencilla lápida con el epitafio “Voice of our generation, and an artist for all time” rodeada de flores, un pequeño lago detrás y justo a la derecha de otro símbolo de la música: Johnny Ramone. Fue un momento muy triste y te preguntas, irremediablemente, qué había cambiado de ese padre que sonreía a su hija para que saliera al escenario con él un año antes. ¿Qué diablos había cambiado?. Al igual que el Forrest Lawn, Hollywood Forever es el Santo Grial de personalidades importantes enterrados entre sus jardines como otro Ramone (Dee Dee), Judy Garland o el gangster Bugsy Siegel.
AUDIOSLAVE – I Am The Highway – “Audioslave” (2002)
Hay artistas que nunca mueren, son eternos, míticos, mágicos. Han dado tanto con su talento que existe un momento donde crees sinceramente que forman parte de tu propia familia: Chris Cornell es uno de ellos. Como expliqué, fui uno de los afortunados de asistir al fastuoso Teatre Liceu para ver, sentir y admirar al que ha sido una de las mejores voces de la historia de la música, un año antes de que nos sometiera a muchos en una conmoción con su suicidio. Luchó en contra de sus demonios internos, pánico, la soledad, la depresión, el alcohol y sus antiguas adicciones a las drogas, que le hizo tomar una trágica decisión dejando en shock y huérfanos a muchos de nosotros, no únicamente a sus tres hijos. “I Am The Highway”, de su etapa como frontman de Audioslave, encarna uno de esos momentos de máxima decadencia personal, y que tristemente, se plasmó en una canción maravillosa, donde Cornell inunda todo con su voz y Tom Morello realiza uno de los mas bonitos solos jamás compuestos con su característico punteo y delay. Pero para mí, nada de esto tendría sentido sin su letra, mas bien un poema, que detalla de manera magistral y alegórica, la relación que desencadenaría en la ruptura con su primera mujer: “I am not your rolling wheels, I am the highway. I am not your carpet ride, I am the sky. I am not your blowing wind, I am the lightning. I am not your autumn moon, I am the night…”. “I Am The Highway” es una de esas canciones en las cuales es imposible no sentir emoción alguna, como “Man Of Golden Words” de Mother Love Bone, en la que su gran amigo Andrew Wood, fallecido por sobredosis en 1990, parece llorar sobre el piano. Han pasado tres años del suicidio de Cornell, pero como digo, hay artistas que nunca mueren. “Siempre he dicho que mis canciones y mis álbumes son los diarios de mi vida…” (Chris Cornell). Así ha sido, y eso aún duele.

Melrose Avenue nos esperaba con los brazos abiertos después, íbamos a tiro fijo. Tenía muchas ganas de visitar Powerplant Choppers, la tienda-garaje de Yaniv Evan, un israelí residente en L.A. desde la adolescencia, que aprendió el arte del custom de la mano de Gene Winfield (un mito de las personalizaciones de automóviles para el cine y que, si no recuerdo mal, en el año 2017 mi amigo Sergi Rodés de los Razzlers CC lo trajo como invitado especial al Riverside Car Show de Calafell). Yaniv y Poweplant ha sido siempre una inspiración para mi, su gusto para hacer algunas de las mejores choppers americanas old-school que he visto y la calidad en su trabajo, ha hecho que Powerplant Choppers sea actualmente reconocida mundialmente entre los bikers, obteniendo múltiples premios como constructor. Su tienda, con entrada por Melrose es espectacular, y lo primero que te encuentras es su P-16 Bomber Panhead con la que Yaniv ganó el premio a mejor constructor en el 5th Born Free Show y dos Shovelheads. La calidad de su merchandising es perfecta, desde las camisas de trabajo bordadas hasta las chaquetas, eso sí, hay que ir lamiendo el borde de la cartera para que vayan saliendo los billetes, pero vale la pena. El taller y su mil veces fotografiada pared con el logo están en la parte trasera, pero no pudimos verlo ya que únicamente estaba la dependienta, Yaniv y su gente estaban por fechas en el KustomFest de Indonesia. Eso sí, actualmente Powerplant se dedica mas a personalizar HD FXR’s, un estilo mucho mas moderno que personalmente no me apasiona, pero supongo que, como todo, aquí prima la oferta-demanda y el beneficio neto que te queda.
Melrose y sus aledaños son apasionantes, puedes encontrar tiendas inimaginables como Necromance. ¿Os imagináis un comercio donde puedas comprar colgantes, pulseras y pendientes hechos con huesos humanos auténticos? Hay cráneos, fetos de todo tipo de animales en botes de formol, chupasangres disecados, auténticos anillos antiguos donde las mujeres depositaban veneno en su interior, otros realizados con muelas humanas, objetos del siglo XIX relacionados con crímenes y brujería, hasta el hueso de un pene de coyote!. En fin, diríamos que Necromance es el sueño de todo perturbado antropológico. Pero nos entusiasmó, así que nos llevamos varias placas de antiguos laboratorios con la palabra “Poison” y por mi parte también, un escorpión auténtico dentro de una lágrima de resina con su certificado. Y por cierto, era la tienda favorita del ya fallecido Vinnie Chas (Pretty Boy Floyd), banda de masas a finales de los 80’s en Sunset Strip. De ahí fuimos a otro destino que no podía dejar pasar, The Von Dutch Flagship Store. Hacía muchos años estuve en esa misma tienda comprando y me hizo ilusión que no había cambiado prácticamente nada, así que se lo dije a los dependientes. Kenneth Howard, mas conocido como Von Dutch, era un borracho, racista (como Lemmy, era admirador de la simbología e iconografía nazi, por ello siempre se le tachó injustamente de ello, tema aparte su pseudónimo), provocador y antisocial, pero está considerado uno de los padres del Pinstripping y de la Kustom Kulture en general. Su popularidad llegó a ser tal que cuando en el ’92 murió por alcoholismo, sus obras (también hacía cuchillos y construía sus propias motos) se vendieron a precio de oro y se creó la marca con su apodo “Von Dutch”. Para mí, Von Dutch tiene alguna de las prendas mas cojonudas que he vestido jamás, sobre todo las workshirts y de hecho, hace ya unos años en la ciudad condal, una tienda muy conocida en aquellos tiempos en el Barri Gòtic intentó comercializar sus productos, incluso tuvo una HD en el escaparate pintada por el auténtico Kenneth Howard que siempre quise robar, pero de un día para otro esa tienda desapareció. Les hizo gracia a las chicas de la tienda que volviera después de tantos años, así que, como compré varias camisas, me metieron dentro de la bolsa un buen puñado de parches de la marca, uno de ellos un backpatch enorme, azul oscuro y oro, bordado como se hacía antiguamente, así que me fui como un crío con zapatos nuevos.
Siguiendo por la enorme Melrose te encuentras con Forgotten Saints L.A. y tenía muchas ganas de visitarla. Veréis, como amante del rock’n’roll (¿lo había dicho antes?) ya había realizado compras online de esta joya de tienda, pero entrar en ella era otra liga. Forgotten Saints L.A. está considerada la meca de la rock’n’roll clothing y su dueña y diseñadora, Cody Varona, es toda una celebridad en el mundillo. Desde Axl Rose a Nikki Sixx, Alice Cooper, Zakk Wylde, Josh Todd, Duff McKagan, Rob Zombie, Corey Taylor, Klaus Meine, Iggy Pop, Johnny Depp…..¿sigo? ¿Os suena el omnipresente sombrero de copa con una calavera blanca que lleva Mick Mars de Mötley Crüe en los conciertos? ¿Los largos pañuelos que usa Adrian Smith de Iron Maiden? ¿Las extravagantes chaquetas de John 5? Todos han vestido de Forgotten Saints. Y fue una suerte entrar en ella, dos meses después cerraba sus puertas y ahora únicamente se dedican a la confección por encargo y a la venta online. Su ropa es totalmente customizada, a mano, a medida si lo deseas, excepto lo mas comercial, y os aseguro que podría ir desnudo por la calle vistiendo únicamente una de sus celestiales bufandas (que alguna tengo). Cody Varona lleva el arte de la moda en la sangre, su estilo ha marcado época en el rock’n’roll y únicamente podría compararla al recientemente fallecido Jimmy Webb, icono de la moda punk-rock neoyorquina que vestía a Debbie Harry, Iggy Pop o The Ramones. Y como era el día oficial de shopping en Melrose Avenue, como no, entraríamos en The Great Frog L.A, otro de los distribuidores, esta vez de joyería y abalorios, de algunas de las grandes personalidades del rock’n’roll. Un año antes había estado en la tienda original The Great Frog en el barrio de Soho (Londres) con dos de mis mejores amigos, mis queridos Treestoners, y uno de ellos, no diré quien, se dejó una pasta en dos de sus anillos, que aunque la envidia nos pudo, lo valían con creces, así que la tienda de Los Angeles es muy similar. Lemmy y James Hetfield tienen fotos comprando y si entráis en su web, sección “Heritage” tiene un apartado de “Clients” que echa para atrás. Joyería, hebillas, pulseras, colgantes y fotos auténticas realizadas por Ross Halfin, afamado fotógrafo de los grandes grupos de la historia del Rock y amigo personal de Paterson Riley, el propietario. To have a blast, baby.
Casi al final de la Avenida y un poco por debajo de donde empieza la zona de vicio y rock’n’roll de Sunset Strip está Heroes Motors, una enorme tienda especializada en reparación, restauración y transformación de motos clásicas. Fuimos con tiempo para conocer a su dueño, Serge Bueno, así que preguntamos directamente por el, somos así. Serge es francés y lleva instalado unos años en Los Angeles después de estar toda una vida en París con negocios de diseño, fotografía y artísticos, pero su pasión por las motos le llevó a montar este negocio que es un templo lleno de tesoros de dos ruedas. En su puerta tenía nada mas y nada menos que un Almicar francés restaurado, un coche que se usaba a principios del siglo XX para carreras y su valor es incalculable a día de hoy. Estuvimos hablando un buen rato, supongo que hace gracia hablar con unos vecinos europeos. Charlamos sobre Shinya Kimura, leyenda de la construcción de motos y fundador de Zero Engineering. Le expliqué que conocimos a Shinya en Biarritz, curiosamente en su Francia natal, a raíz del Wheels & Waves, y resulta que ese mismo año él también había asistido. Entre su colección, tiene creaciones de West Coast Choppers, una réplica exacta del PanheadCaptain America” que llevaba Peter Fonda en Easy Rider (la última de las cuatro originales que se utilizaron en la película se vendió en 2014 por $1,3 millones), varias Cyclone Motorcycles totalmente restauradas de entre 1912 y 1917, donde se utilizaban para carreras de Board Track Racing, varias Indians de entre 1904 ($123.000 de nada) y 1914, Harleys primerizas con motores 61 CI V-Twin, Vincents, Triumphs T100 y además, es distribuidor de las bobbers Zero, pese a que Kimura se desvinculó de la marca hace unos años. También le pregunté por el increíble mural que tiene en la pared izquierda de la nave, pintado por Sonny Boy, para mi el mejor artista de custom lettering en la actualidad. Nos sentimos muy cómodos, muy pobres y le agradecimos su amabilidad ante nuestra visita inesperada.
Al siguiente día queríamos levantarnos tarde, pues íbamos a disfrutar de las tardes-noches descontroladas de Sunset Strip, que no era poco. A última hora llegamos a esa zona, justo al final de Sunset Boulevard, que para quienes lo desconozcan, desde los años ‘65 a ‘92 se convirtió en la cuna de la contracultura y entre sus ahora míticos locales de rock se crearon algunas de las mas famosas bandas de la historia. The Doors en 1966 era la banda oficial de un antro llamado The London Fog hasta que se incorporaron como grupo habitual en el ahora mítico Whisky A Go Go, donde explotaron comercialmente. Ese club, The Whisky, y que sigue funcionando con normalidad, fue incluido en el 2006 en el Rock’N’Roll Hall Of Fame y no es para menos, para mí es el templo del rock. Guns N’ Roses, Mötley Crüe y muchas de las bandas de sleasy hard rock 80’s salieron de allí, de hecho, los Guns vivían en sus inicios en un apartamento en N. Clark Street, la calle de pendiente pronunciada que sube desde la esquina del Whisky. Aquella noche tocaban Satan, una de las peores formaciones de la NWOBHM (New Wave Of British Heavy Metal) inglesa que estaban de gira nostálgica, así que entramos, vimos, respiramos y nos fuimos. Me entristeció ver que habían cerrado las puertas del The Key Club, a escasos cien metros siguiendo la acera del Whisky, otro icono de aquellos años y en el que había estado también años atrás. Ese local aún guardaba en su ambiente aquella esencia tan entrañable del hard rock de pelo cardado, maquillaje y flequillos imposibles como los de C.C. Deville (Poison) en sus mejores años de mitad de los ‘80 o los miembros de Tigertailz. Sinceramente, desconocía que habían cerrado ese club. Prácticamente enfrente está el The Viper Room, que para quienes no lo sabéis, que a estas alturas lo dudo, en su puerta falleció River Phoenix en 1993, en aquella época una joven estrella del cine y ahora casi mas conocido por ser hermano de Joaquin The Joker. También en el Viper, el líder de INXS Michael Hutchence cantó en directo por última vez antes de su suicidio. El local es de sobras conocido ya que es (o era, no se, no tenemos mucha relación) propiedad de Johnny Depp y cientos de estrellas del cine han pasado regularmente por allí.
L.A. GUNS – One More Reason – “L.A. Guns” (1988)
Sunset Strip de finales de los ’80, sexo, drogas, chulería, glamour, desenfreno, las mas míticas venues y cuna del mejor sleazy-hard-rock. La escena angelina de aquella época era un imán para cualquier banda que quisiera triunfar y el paraíso de los A&R (Dpt. Artists & Repertoire) de todas las grandes majors discográficas. Desgraciadamente, muchas fueron denostadas tras la irrupción del grunge en casos que claman al cielo como Pretty Boy Floyd, Junkyard, Faster Pussycat, otras, de sobras conocidas, siguen llenando estadios, y luego está L.A. Guns, que lo tenían todo para estar en ese templo y nunca en el olvido. Voy a contar un cuento rápido que esto es muy aburrido: En 1982 Tracii Guns formó L.A. Guns y durante una etapa tuvo a un desconocido Axl Rose como cantante, Axl, tiempo después, formó Hollywood Rose junto a su amigo Izzy Stradlin (¿os suena?), a los meses decidieron unir fuerzas L.A. Guns y Hollywood Rose fusionándose para crear Guns N’ Roses (¿os suena también los apellidos de Tracii y Axl en el origen del nombre?). Tracii, con un ego desmesurado, no quería compartir protagonismo con la futura estrella del rock y volvió a resucitar su banda de origen. Pues bien, un año después del debut de los Guns N’ Roses el grupo de su otrora amigo, Tracii Guns, junto al ex-vocalista de los británicos Girl (Phil Lewis) y otros miembros reconocidos de la escena, publican este debut sin título que es una insuperable cadena de hits con la única intención de provocar placer musical, canallismo y ensuciarte la conciencia, de la que, siempre con mi parcialidad por delante, “One More Reason” es la corona ceremonial. No hay nada fuera de lugar, y después de treinta y dos años, sigo sin ver una sola grieta en cada una de las canciones. Recuerdo también escuchar siempre juntas “Cry No More” y “One Way Ticket” de este mismo debut como un rito religioso, algo indisoluble, creadas para sentirlas así, ya que me parecen imperecederas. En definitiva, te encantará saber que L.A. Guns es el típico grupo angelical que enamorará a tu suegra y dejará que ames de por vida a su bonita hija de pelo cristalino, cuenta con ello.

Unas horas antes habíamos pasado por la antigua ubicación del Cathouse (1986-1992), el autodenominado en su época gloriosa Hollywood’s Most Decadent Rock Club, un club nocturno abierto por Taime Downe (vocalista de Faster Pussycat) y Riki Rachtman (presentador del programa MTV Headbangers Ball en la versión americana) justo en la esquina entre La Cienaga Blvd y  San Vicente Blvd, dentro del Osko’s Discoteque. ¿Os acordáis del video “Paradise City” de los Guns? Axl lleva la camiseta de Cathouse bajo su chupa blanca y al final del video, cuando se la quita, ahí está ella, sin mangas y con su logo en rosa. Del Cathouse se decía que había un desenfreno total y los conciertos de bandas (ahora) míticas eran sin anunciar. Riki Ratchman ha devuelto la vida al Cathouse este año pasado pero en Irvine, al sur de Los Angeles, y tiene un podcast donde habla de los mejores momentos del club, entre ellos los célebres desencuentros entre Axl Rose y Vince Neil entre sus paredes. Cuánto daría por haber asistido a una sobredosis de libertinaje de ese tipo. En el mismo Strip, otro eterno club como The Roxy sigue en boga, en su pequeño bar privado y semioculto llamado On The Rox (uno de esos agujeros depravados para fiestas de celebrities y consumiciones de todo tipo, léase como se piensa) donde el muermo pacifista de John Lennon era habitual antes de esnifar incienso, así como Keith Moon o Alice Cooper a finales de los ’70.
La noche donde estuvimos en el West Fest hubo en The Roxy Theater una jam tributo a grandes temas del grunge donde participaba Flea de los Red Hot Chili Peppers y Def Leppard lo hacían a su vez en el The Forum de Inglewood y es que es imposible estar en L.A. y querer abarcar todo. También pasamos por The Troubadour, en Santa Monica Blvd, otro bar-local que forma parte de la historia de la música (uno mas), donde por ejemplo, en 1982 Metallica hace su debut en la ciudad con Dave Mustaine como guitarrista, el 6 de Junio de 1985 los Guns N’Roses debutan con el line-up definitivo para el Apettite For Destruction y un año mas tarde tocan de nuevo tras la firma con Geffen Records, The Eagles publica su canción “Sad Café” dedicada al Troubadour o como último ejemplo, Miles Davis grabó uno allí uno de sus mejores directos en el ’75. Y así, mil historias mas.
Hablar de Sunset Strip y sus aledaños es imposible sin dedicarle con calma todo el tiempo que necesita, a la que es posiblemente, la zona mas famosa de la historia de la música, donde estaban las sedes (y algunas siguen ahí) de las grandes discográficas, tenía la tienda de discos mas famosa del mundo, Tower Records, que pude visitar dos años antes de su cierre definitivo y donde trabajó Axl o por ejemplo Elton John compraba sus discos, pero tampoco tendría sentido haber estado allí y no volver a pisar la terraza y la zona interior del Rainbow Bar & Grill. Cuando lo pisé por última vez uno siento algo especial, pero tras la muerte de Lemmy Kilmister entrar al Rainbow…..es entrar en zona sagrada. Y es que, como sabéis, era el bar favorito del rockero mas íntegro de la historia. Vivía en un modesto apartamento calles arriba y si no estaba de gira solía pasar horas y horas en él. El tributo del Rainbow a Lemmy ha sido esculpir una escultura de bronce a tamaño real de uno de los músicos mas inspiradores y legendarios que existirán y además, han hecho un enorme mural con su imagen pintada frente a la terraza. Por lo demás, todo sigue igual…en su interior ha estado absolutamente todo referente musical que podamos conocer, sus paredes hablan por si solas, y si hay una Meca o Vaticano para ir cada año a rezar al Dios del entertainment que cada uno quiera, ese sería sin duda el Rainbow.
Los dos últimos días estuvimos por la costa de Malibú soñando con tener una de esas casas a pie de playa para los vermuts domingueros e integrándonos aun mas en nuestro barrio gangsta-rapper de Long Beach, del que si estamos unas horas mas nos hacemos fans de Notorius Big y la escena rapera de la West Coast. Nos tocaba poner fin a veintitrés días de viaje que supieron a muy poco, así que empezamos a empaquetar muchas de las compras que hicimos durante el trayecto y hacer varios viajes a la oficina de USPS que teníamos a cien metros, para enviarlas vía correos a casa, y aun así, personalmente, tuve que comprar otra maleta extra y pagar sus gastos para alternar formas de llevarme todos los artilugios que fui adquiriendo.
No puedo despedirme sin expresar, que nada me hubiera hecho mas ilusión que mi querido Javi Ezquerro hubiera venido también con nosotros. Hablamos muchas veces de hacer algo así juntos y me acordé de él cada día de esos veintitrés, pero la vida es injusta con quién no lo merece. De alguna manera este viaje es en su memoria.
Reverendo S A N T A
No creo que haya palabras para intentar describir el sobrecogimiento que produce la belleza del Mojave, definitivamente es algo que hay que vivir para poder entenderlo. Es realmente difícil explicar en unas pocas líneas, provocan demasiadas emociones enfrentadas. Hay majestuosidad, asombro, tristeza, júbilo y brutalidad grabadas en esas tierras, todo eso sin mencionar los millones de sentimientos que uno puede llevarse consigo por el mero hecho de haber estado aquí. La magnificencia de esos picos unida al mar de arena y polvo que se expande en todas las direcciones alrededor de ellos intensifica aún más todas esas sensaciones, además de todo esto tienes la vegetación y fauna del desierto, que aportan un continuo flujo de movimiento, realizando constantemente una especie de brutal pero elegante ballet. Esas son las cosas que me inspiran y que intento transmitir. Sinceramente no creo que nadie sea capaz de escapar a la influencia de una visita al desierto, aunque sea corta. Para aquellos que vivimos permanentemente aquí, el entorno del Mojave es simplemente algo que se ha asentando por sí mismo muy dentro de nosotros.” 
Dandy Brown (Miembro de Hermano, Orquesta del Desierto y afamado productor musical)
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